Bear Grylls y la batalla que ninguna montaña pudo enseñarle a ganar
El reconocido aventurero británico, acostumbrado a sobrevivir en algunos de los escenarios más extremos del planeta, reconoce que hubo una batalla que no pudo enfrentar únicamente con disciplina y fuerza de voluntad: la de su propia vida espiritual. Su encuentro con Jesucristo, asegura, cambió su manera de entender la fe, el miedo y la verdadera fortaleza.
Bear Grylls saltó desde aviones, atravesó selvas, soportó temperaturas extremas y puso a prueba los límites del cuerpo humano. Durante años, millones de personas lo vieron enfrentarse a algunos de los lugares más inhóspitos del planeta con una premisa aparentemente sencilla: sobrevivir.
Pero detrás del aventurero que aprendió a encontrar agua, alimento y refugio en condiciones extremas hay una historia mucho más personal.
Grylls reconoce que hubo un momento en el que descubrió que no todo podía resolverse con resistencia, entrenamiento o determinación.
Había una necesidad más profunda.
Y fue allí donde, según su propio testimonio, comenzó a descubrir a Jesucristo.
Cuando la religión dejó de ser una idea
Su acercamiento al cristianismo comenzó cuando era adolescente. Por entonces, Grylls tenía una imagen de la religión vinculada principalmente con guerras, divisiones y conflictos.
Pero una visita de un vicario a su escuela despertó en él una inquietud diferente. La conversación le presentó a Jesús no como el fundador de una institución religiosa vacía, sino como alguien que había venido a ofrecer vida.
La idea quedó dando vueltas en su cabeza.
Comenzó entonces a leer los Evangelios y se encontró con un Jesús muy diferente al concepto de religión que había construido hasta ese momento.
Jesús habló con pescadores, líderes, enfermos, personas pobres y hombres y mujeres marginados. Se acercó a quienes otros evitaban y transformó la vida de quienes tuvieron un encuentro con Él.
Grylls comenzó a preguntarse si ese cambio también podía ocurrir en su propia vida.
“De adentro hacia afuera”
Con el paso del tiempo, el aventurero describió su experiencia de fe como una transformación “de adentro hacia afuera”.
Para él, creer en Cristo no consiste simplemente en aceptar determinadas ideas. Hay una diferencia entre saber algo acerca de Jesús y experimentar personalmente una relación con Él.
Grylls comparó esa diferencia con intentar explicar qué se siente al nadar a una persona que nunca entró en el agua.
Hay cosas que pueden explicarse.
Y hay otras que solamente pueden experimentarse.
Su propia historia, según cuenta, pertenece a esa segunda categoría.
Cuando la autosuficiencia no alcanzó
Quizás uno de los aspectos más llamativos de su testimonio sea que Grylls no habla de la fe desde una vida ajena a las dificultades.
Al contrario.
Reconoció que hubo momentos en los que intentó vivir dependiendo exclusivamente de su propia fortaleza. Carácter, disciplina, esfuerzo y determinación parecían suficientes.
Pero cada vez que apartaba a Cristo, algo seguía faltando.
La autosuficiencia podía prepararlo para enfrentar una montaña, pero no podía responder a las preguntas más profundas de su interior.
Por eso, el hombre conocido por enseñar técnicas de supervivencia terminó reconociendo una necesidad que ningún entrenamiento podía solucionar.
“Necesito su ayuda, su paz y esa seguridad”, expresó al referirse a su relación con Jesús.
Una fe que no elimina el miedo
Para Grylls, creer en Cristo tampoco significa dejar de sentir miedo.
Su propia experiencia lo llevó a entender la fe como una razón para avanzar aun cuando el temor está presente.
La misma persona que se aventura en territorios desconocidos habló de la importancia de asumir riesgos, pero también de hacerlo con un propósito: cuidar, amar, ayudar y animar a otros.
En su visión, la valentía cristiana no consiste simplemente en no tener miedo.
Consiste en seguir adelante aun cuando el miedo existe.
Y esa perspectiva, sostiene, también alcanza las decisiones cotidianas, las relaciones y las dificultades que cada persona enfrenta lejos de las cámaras.
“Ten el valor de buscar”
Grylls también animó a quienes tienen preguntas sobre Dios a no esconderlas.
Buscar respuestas, leer, preguntar y acercarse a las Escrituras forman parte de ese camino.
Su mensaje resulta particularmente llamativo porque proviene de alguien cuya imagen pública está asociada con la autosuficiencia y la capacidad de resistir.
Sin embargo, su testimonio apunta precisamente en otra dirección: hay momentos en los que la mayor expresión de valentía no es seguir luchando con las propias fuerzas, sino reconocer la necesidad de ayuda.
Doblar las rodillas. Cerrar los ojos. Pedir ayuda.
Para Grylls, también allí puede comenzar una aventura.
El hombre que sobrevivió a la naturaleza y descubrió otra clase de fortaleza
En 2019, Grylls publicó Soul Fuel, un devocional de 365 días en el que relacionó sus experiencias en ambientes extremos con temas como la fe, la esperanza, el propósito y el riesgo.
El título resulta significativo. Después de pasar años explorando los límites de la resistencia humana, Grylls encontró que existe otra clase de “combustible” necesario para continuar el camino.
La Biblia lo expresa de una manera contundente en el Salmo 18:32:
“Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino”.
La historia de Bear Grylls plantea así una paradoja poderosa.
Un hombre puede aprender a sobrevivir en una montaña, resistir el frío, soportar el hambre y desafiar sus propios límites. Pero ninguna de esas capacidades responde por sí sola a las preguntas más profundas del corazón.
Grylls descubrió que reconocer esa necesidad no significaba abandonar la fortaleza.
Significaba encontrar su origen.
Porque quizá la verdadera fortaleza no siempre consiste en demostrar cuánto podemos soportar solos.
A veces comienza cuando finalmente reconocemos que necesitamos a Alguien más grande que nosotros.

Periodista, locutora nacional y conductora de radio y TV.
Especializada en comunicación con propósito y coaching motivacional
