
BUENOS AIRES, 8 de noviembre de 2025. — Ni la lluvia ni el frío detuvieron a las más de 30 mil personas que se congregaron en el Estadio José Amalfitani de Vélez Sarsfield para vivir la primera jornada de Esperanza Buenos Aires, un encuentro que combinó música, fe y un mensaje transformador. Con ponchos y paraguas, una multitud diversa colmó el estadio para escuchar al evangelista estadounidense Franklin Graham, presidente de la Billy Graham Evangelistic Association (BGEA). “Es maravilloso volver a este hermoso país. Amo al pueblo argentino”, expresó Graham ante un público que lo ovacionó. “Si no recuerdan nada más de esta noche, recuerden esto: Dios los ama. Él envió a su Hijo, Jesucristo, no para condenarnos, sino para salvarnos”.
Tras el mensaje, miles de asistentes respondieron al llamado de fe y avanzaron hacia el frente del escenario para entregar su vida a Cristo. Entre ellos estuvo Adriana, una joven de 30 años que confesó haber sentido un cambio profundo en su corazón. “Hacía muchos años que no iba a la iglesia. Pero cuando lo escuché hablar sobre el perdón y el amor de Dios, sentí que era tiempo de volver. Me voy bendecida y con fuerzas para seguir a Cristo”, contó emocionada.
El evento, organizado junto a más de 2.500 iglesias evangélicas de la capital y el conurbano, marcó un momento de unión sin precedentes. “Ver a tanta gente acercarse con lágrimas en los ojos y una nueva esperanza en el corazón fue algo milagroso”, destacó Alejandro Nüesch, coordinador de iglesias de la BGEA en Argentina. “Esto no es común. Lo que vimos esta noche fue un verdadero mover de Dios”.
La segunda jornada de Esperanza Buenos Aires se llevará a cabo este sábado desde las 18 horas, con presentaciones musicales de Rescate, Michael W. Smith y Charity Gayle. Fundada en 1950 por Billy Graham, la Billy Graham Evangelistic Association continúa compartiendo el mensaje del Evangelio en todo el mundo.
Franklin Graham sigue el legado de su padre, quien en 1991 reunió a más de 259 mil personas en Buenos Aires, dejando una huella imborrable en la historia espiritual del país. Hoy, más de tres décadas después, ese mismo mensaje vuelve a resonar entre miles de argentinos: la esperanza sigue viva, y su fuente está en Dios.

