En los últimos días, una discusión que empezó en redes sociales terminó destapando una fuerte interna dentro del espacio libertario. El disparador fue el Islam, pero el trasfondo va mucho más allá de una religión: dejó al descubierto tensiones políticas, disputas de poder y una pelea que incomoda al propio oficialismo.
Todo comenzó cuando Daniel Parisini, conocido como el Gordo Dan y referente de los llamados “trolls libertarios”, vinculó públicamente al Islam con el terrorismo y la pedofilia. Sus declaraciones generaron un inmediato rechazo, especialmente de Zulemita Menem, quien respondió desde su lugar de argentina y musulmana, advirtiendo que confundir una religión con la violencia es un error grave y doloroso para quienes profesan esa fe.
La respuesta de Zulemita no solo fue personal. También recordó que dentro del propio gobierno y del espacio de La Libertad Avanza hay dirigentes con raíces musulmanas, como Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados; Sharif Menem, referente juvenil del partido; y Lule Menem, funcionario cercano a Karina Milei. El mensaje fue claro: el Islam no es algo ajeno ni externo al espacio libertario.

Lejos de calmarse, la discusión escaló. Parisini redobló sus críticas con publicaciones aún más duras, y rápidamente se sumaron legisladores, intelectuales y tuiteros vinculados al entorno del asesor presidencial Santiago Caputo. Entre ellos, Agustín Laje, Nicolás Márquez y varias cuentas digitales que apuntaron directamente contra Zulemita Menem y contra quienes defendieron la libertad religiosa.
Del otro lado, también hubo voces que marcaron un límite. El diputado Alejandro Fargosi sostuvo que no se puede generalizar ni responsabilizar a toda una religión por hechos violentos cometidos por individuos. Esa postura fue reforzada por Martín Menem, quien intervino públicamente para bajar el tono de la discusión.

“Bajo ningún punto de vista hay que confundir terrorismo con religión”, afirmó el presidente de la Cámara de Diputados. Recordó que la libertad de cultos es un pilar de la Constitución Nacional y remarcó que no se puede fomentar el odio hacia una religión por las acciones de unos pocos. Incluso aclaró, desde su fe católica, que el Islam comparte principios centrales con el cristianismo y el judaísmo, como el respeto por la vida humana.
Mientras tanto, desde el sector más duro del espacio libertario se insistió con la idea de una supuesta “amenaza islámica” y se habló incluso de una “invasión cultural”, profundizando la grieta interna. En ese clima, también reaparecieron viejos enfrentamientos políticos y personales, especialmente entre referentes cercanos a los Menem y el núcleo digital que responde a Caputo.
Una discusión que deja más preguntas que certezas
El debate sobre el Islam terminó funcionando como un espejo incómodo para el oficialismo. No solo expuso diferencias ideológicas profundas, sino también una disputa de poder que se libra, cada vez más, en el terreno de las redes sociales.
Mientras un sector defiende la libertad de cultos y llama a no generalizar ni fomentar el odio, otro apuesta a un discurso confrontativo que tensiona los límites de la convivencia democrática. En el medio, queda una pregunta clave: hasta dónde puede escalar una pelea interna cuando se mezclan religión, política y militancia digital.
Por ahora, lo único claro es que la interna libertaria está lejos de cerrarse, y que el debate sobre el Islam dejó de ser un tema marginal para convertirse en un conflicto que interpela al corazón mismo del espacio que gobierna.
Por Pastrana Maby
