Cristianos en Política

Liderazgo religioso en Venezuela

Venezuela: la barbarie chavista y la complicidad de una parte del liderazgo religioso

Hace muchos años vengo siguiendo de cerca la situación de Venezuela. De hecho, pude escribir un libro profético sobre el tema.

Trato de entender el dolor y la angustia de tantos años de exilio, persecución, intimidación y opresión por parte del régimen. La crisis económica que arrecia y sigue golpeando muy duro a toda la población. Eso no lo cambia el hecho de que Estados Unidos venga con varios dólares bajo la manga. La recuperación va a tomar bastante tiempo.

Los años de represión, persecución contra los disidentes y control autoritario por parte del Estado hicieron que el miedo se esparciera por toda la población. Miedo a participar en las marchas. Miedo a hablar, miedo a criticar al gobierno, miedo a oponerse a las medidas del gobierno. Miedo a ser “descubierto” por el régimen con publicaciones en mis redes sociales. Miedo por todas partes.

Lo he percibido. He hablado en su momento con varios líderes cristianos en Venezuela. Para escribir el libro entrevisté a algunos pastores para conocer de cerca la situación del país. En algunos de ellos pude observar el miedo. Alguno hasta pensó que yo era un infiltrado del gobierno y tenían miedo de hablar porque pensaban que, a lo mejor, serían grabados diciendo cosas en contra del gobierno. En el fondo, en muchos de ellos, noté miedo. Claro, hoy ese miedo se está perdiendo debido a la presión que está ejerciendo Trump sobre Miraflores para asegurarse que el negocio del petróleo rinda sus frutos.

En cuanto al miedo, que de a poco se va perdiendo, en parte lo puedo entender, porque no es fácil cuando ves que a algún familiar o conocido lo han metido preso solo por publicar algo en redes sociales en contra de la dictadura. Puedo comprender el desgaste psíquico que ha venido sufriendo el pueblo venezolano y, en parte, el pueblo evangélico, que no está exento de esta situación.

El miedo también ha permeado gran parte de la Iglesia cristiana. Pastores que no quieren hablar de política en los púlpitos por miedo a ser denunciados o señalados por “hermanos chavistas” o por infiltrados del gobierno. Sacerdotes que en sus sermones no quieren siquiera mencionar el tema político.
Vean ustedes los mensajes y las prédicas: en la mayoría de los púlpitos no se habla del horror de los cientos de presos políticos. Un pastor venezolano que estuvo en Buenos Aires hace poco me contó: “Omar, muchos no quieren hablar por miedo”. ¿Entonces qué se hace?

Sin embargo, tenemos que ser claros. La Iglesia cristiana tiene una responsabilidad ante la opresión y la barbarie. En primer lugar, denunciarla. Los profetas del Antiguo Testamento no dudaban en señalar a los reyes paganos sus acciones corruptas e injustas. Hoy la voz profética la tiene la Iglesia, es decir, todos aquellos que hemos reconocido en Jesús la salvación y el gobierno de nuestras vidas. Y no podemos hacer menos que alzar la voz contra la injusticia, la opresión y la tiranía. Las palabras no pueden estar presas. Hay que hablar. Este mensaje, sobre todo, es para el liderazgo.

¿Cómo es posible que yo no diga nada cuando a mi hermano lo están torturando o cuando hay cientos de familias que están con una angustia terrible puesto que no saben si su ser querido está muerto o en las mazmorras del régimen siendo torturado?

¿Cómo es posible que no señale la injusticia cuando hay todo un pueblo sufriendo a causa de la hechicería y la corrupción de un régimen inhumano y criminal que no ha tenido escrúpulo alguno para oprimir a la población?

Han asesinado a obreros, estudiantes, profesionales, hombres de a pie. Están martirizando a cientos de familias de presos políticos en los que muchos de ellos no tienen comunicación con sus seres queridos. ¿Cómo no señalar eso? Hay que despertarse de ese letargo. Aun aquellos presos que han salido de las cárceles tienen un largo trecho de recuperación física y emocional. Y créanme que la que más toma tiempo es la recuperación psíquica. Un ciudadano que ha sido torturado no se recupera con un mes de terapia. Hace falta algo más que eso.

Estamos hablando de un régimen asesino e inhumano que se ha vuelto enemigo del ciudadano y de la familia. Entonces surge la pregunta: ¿Dónde están todos esos pastores que le profetizaron a Maduro que iba a tener un gobierno próspero y fructífero? ¿Dónde están los líderes religiosos que apoyaron este régimen oscuro y siniestro que sigue haciendo sufrir a cientos de familias de hombres y mujeres injustamente presos? Acaso porque muchos de ellos se volvieron cómplices de esta barbarie.

¿Dónde están esos líderes evangélicos y católicos que se sentaron al lado de Chávez, Maduro y en la mesa de los jerarcas chavistas? ¿Señalaron la injusticia, la opresión, el robo y la rapiña? ¿O solo buscaron dádivas y prebendas a espaldas del pueblo y en contra de la gente? ¿O es que solo se ocuparon de recibir financiamiento del régimen para sus “proyectos” y “eventitos”? Digo esto con tristeza, con dolor.

¿Dónde están los líderes de la Marcha para Jesús? ¿Están señalando la tiranía de los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello? ¿Están abrazando a todas esas madres desesperadas por encontrarse con sus hijos encarcelados y torturados? ¿Dónde están todos esos supuestos ministros que se tomaron fotos alegres y jocosos con la cúpula chavista?

¿Por qué los grandes líderes evangélicos y católicos no están al lado de los que sufren? ¿No es acaso la tarea que nos encomendó el Señor?

Entiéndase que no me estoy refiriendo a todos los cristianos. Sé que hay muchos hermanos (católicos y evangélicos) que se han acercado a brindarles un plato de comida a todos esos familiares apostados en las afueras de los centros penitenciarios esperando por noticias de sus seres queridos. Sé que hay grupos de oración y de ayuda que están cerca de ellos, los están acompañando de alguna u otra manera, para acercarles recursos y apoyo emocional. Sabemos que hay un remanente de líderes y hombres fieles.

¿Pero qué ha ocurrido con los grandes líderes religiosos? Los de mayor influencia. Lamentablemente muchos de ellos han hecho negocios con este régimen satánico. Algunos de ellos se han convertido en parte del problema y tal vez tengan que rendir cuentas también, pero ante el tribunal del cual nadie puede huir: el de Cristo.

No me interesa hacer una cacería de brujas y señalar a tal o cual pastor o líder religioso. No soy quién para apuntar con el dedo, cada uno sabe lo que ha hecho. Pero hay algo que es seguro y es que no podemos callar ante la injusticia y la crueldad. No cuando tengo a un hermano que está sufriendo una angustia como nunca se había visto. No cuando hay todo un país que ha sido castigado y ya está cansado y agobiado.

Alguna vez resonó esta pregunta en la voz del Creador: “¿Dónde está tu hermano?”, cuando Dios se puso frente a Caín para preguntarle por Abel. Y la respuesta fue sombría: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”.
Caín quiso desatenderse de su responsabilidad, incluso cuando él mismo lo había asesinado. A lo mejor nosotros no asesinamos a nadie, pero con nuestro silencio estamos ayudando al tirano a perpetuar el asesinato y el sometimiento. No podemos callar, no cuando la sangre inocente derramada clama por justicia. Aun cuando el miedo se está perdiendo en la sociedad, muchos líderes deciden omitir expresarse sobre la barbarie chavista cuando todos sabemos que este régimen tiene las manos manchadas e inundadas de sangre.

¿No sonará esta misma pregunta hoy entre los líderes religiosos de Venezuela? ¿Dónde está tu hermano? ¿Tu hermano no está siendo vejado y humillado? ¿Su familia no está siendo oprimida?

Estimado líder, que tu silencio NO se vuelva cómplice de la barbarie chavista. Que los máximos referentes cristianos de Venezuela no pasen a la historia como aquellos que guardaron silencio frente a las atrocidades del opresor. Insisto, entiendo el miedo de vivir allí y de tantos años, pero los cristianos tenemos al Espíritu Santo, el cual obra en nosotros para sacarnos ese temor. Basta ya de guardar silencio.

Lo demanda nuestro tiempo. Es hora de abrazar a los que sufren, es hora de levantar la voz contra los tiranos del régimen. A ellos ya les llegará la hora final y Dios ha reservado un tiempo para eso. Mientras tanto, no hay que olvidar que Dios sigue del lado del que está siendo oprimido y está en contra del que oprime, hace sufrir y humilla.

Un saludo,
Omar