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Iran: Dan muerte al ayatolá Ali Khamenei a los 86 años

Murió este sábado el ayatolá Ali Khamenei a los 86 años tras un ataque aéreo conjunto de EE.UU. e Israel

El líder supremo de Irán, figura central del régimen desde 1989, falleció luego de que bombardeos estadounidenses e israelíes destruyeran su complejo en Teherán. Su muerte abre una nueva etapa de incertidumbre interna y tensión regional.

El ayatolá Ali Khamenei, líder supremo de Irán desde 1989 y una de las figuras más influyentes de Medio Oriente durante casi cuatro décadas, murió este sábado a los 86 años tras un ataque aéreo coordinado de Estados Unidos e Israel, que destruyó su complejo central en Teherán, según confirmó la prensa estatal iraní.

La ofensiva se produjo en medio de un clima de escalada militar y tras años de fracasos diplomáticos para resolver la disputa por el programa nuclear iraní. El gobierno de Teherán decretó 40 días de luto nacional.

Una figura inicialmente subestimada que acumuló poder absoluto.

Khamenei había sido considerado, en sus inicios, una figura débil dentro de la estructura clerical. Sin el carisma de su antecesor, el ayatolá Ruhollah Khomeini, llegó al cargo casi por sorpresa tras la muerte del líder revolucionario en 1989.
Sin embargo, su ascenso le permitió consolidar rápidamente un control férreo sobre el país. Tomó el mando de las fuerzas armadas, colocó aliados en cargos estratégicos incluidos los comandantes de la Guardia Revolucionaria, y la autoridad para designar a numerosas figuras de alto nivel, entre ellas los jefes del Poder Judicial, los organismos de seguridad y la radio y televisión estatal. Limitó el margen de acción de presidentes moderados que buscaban abrir a Irán al mundo.
Algunos expertos sostuvieron que terminó convirtiéndose en “uno de los iraníes más poderosos de los últimos 100 años”.

Antiestadounidense férreo y eje del aislamiento iraní

Desde su llegada al poder, Khamenei sostuvo una postura fuertemente antioccidental y, en particular, antiestadounidense. A lo largo de su mandato denunció sistemáticamente a Washington, incluso durante el segundo gobierno de Donald Trump.
Si bien apoyó con cautela el acuerdo nuclear de 2015 impulsado por Hassan Rouhani el cual redujo parte del aislamiento internacional del país, su desconfianza hacia Estados Unidos nunca se desvaneció. La ruptura del pacto por parte de la administración Trump en 2018 reforzó su posición dura y lo llevó a desmontar el sector pragmático del gobierno.

Protestas, represión y derechos humanos

Uno de los rasgos más característicos del régimen fue su trato sistemáticamente violento hacia su propia población.
Durante su mandato enfrentó varias oleadas de protestas: las estudiantiles de 1999 y 2002, la masiva movilización del Movimiento Verde en 2009.
La policía de la moral (“Gasht-e-Ershad”) tenía autoridad para detener, humillar y castigar a mujeres y jóvenes acusados de no cumplir estrictamente el código islámico.
El caso más emblemático fue el de Mahsa Amini, una joven kurda de 22 años detenida en septiembre de 2022 por supuestamente llevar mal puesto el velo. Murió bajo custodia estatal, y su muerte desató las protestas más grandes desde la revolución. Khamenei culpó a los enemigos occidentales. Y las autoridades respondieron con extrema violencia, recurrieron al ahorcamiento de manifestantes y la exhibición de sus cuerpos, suspendidos de grúas. Hubo cientos de muertos, miles de heridos, detenciones masivas, torturas documentadas y hasta ejecuciones de manif. Fueron meses de disturbios.
Organizaciones internacionales lo acusaron reiteradamente de graves violaciones a los derechos humanos.

El arquitecto del “Eje de la Resistencia

En el plano exterior, Khamenei invirtió miles de millones de dólares en milicias aliadas en Irak, Siria, Líbano, Gaza y Yemen, conformando lo que el régimen denominó el “Eje de la Resistencia”.
Apoyó militarmente al presidente sirio Bashar al-Assad durante la guerra civil, respaldó a Hezbollah en Líbano y mantuvo vínculos estrechos con Hamas en Gaza y los hutíes en Yemen.

Ese entramado regional comenzó a fracturarse a partir de 2024, cuando Israel logró avances militares significativos y la caída del gobierno de Assad debilitó la influencia iraní.

La guerra abierta con Israel y el fin de una era

Los años de enfrentamientos indirectos entre Irán e Israel desembocaron en una guerra abierta entre 2024 y 2025, cuando Israel lanzó ataques masivos contra instalaciones nucleares y militares iraníes. Estados Unidos se sumó a la ofensiva, lo que intensificó la confrontación.
Este sábado, ambos países ejecutaron el ataque más potente en décadas contra objetivos iraníes, alcanzando el corazón del poder político del país.

Un legado de incertidumbre

Khamenei deja un país convulsionado: duramente golpeado por sanciones, con una economía debilitada, un malestar social creciente y un escenario de guerra con Estados Unidos e Israel.
La ausencia de un sucesor claro abre interrogantes sobre la transición y el futuro político de la República Islámica.

Una joven iraní entrevistada por Reuters sintetizó el sentimiento de parte de la población:

“Solo quiero vivir una vida normal. Pero ellos insisten en el programa nuclear, en apoyar a grupos armados y en mantener la hostilidad con Estados Unidos. Eso podía tener sentido en 1979, pero hoy el mundo es otro.