Cristianos en Política

‘La víctima de abuso en iglesias no busca venganza, sino restauración’

La psicóloga colombiana Lina Fernanda Montoya Alzate, especialista en trauma y docente universitaria, ha dedicado gran parte de su trabajo a estudiar los patrones de abuso que pueden surgir dentro de comunidades religiosas. Según explica, comprender las dinámicas propias de las iglesias es clave para identificar y acompañar adecuadamente a las víctimas.

Montoya participó recientemente en una semana de formación realizada en Madrid, organizada por Mesa Salmo 15 junto con la organización estadounidense GRACE. Allí compartió investigaciones y experiencias derivadas de su acompañamiento a personas que han sufrido abusos dentro de entornos de fe.

Cuando el abuso se apoya en narrativas religiosas

Durante su intervención, la especialista analizó varios casos de mujeres que han vivido situaciones de abuso en comunidades evangélicas. En muchos de estos casos, explicó, se observa un uso indebido de símbolos, discursos y prácticas religiosas para manipular o silenciar a las víctimas.

Según Montoya, una de las características centrales de este tipo de abuso es la relación desigual de poder. En estos contextos, la autoridad espiritual puede utilizar discursos religiosos para presionar o controlar la voluntad de otra persona.

La investigadora señala que, con frecuencia, los abusos sexuales dentro de las iglesias se desarrollan después de un proceso previo de abuso espiritual. Este proceso suele apoyarse en la confianza que los miembros depositan en líderes o autoridades dentro de la comunidad religiosa.

También mencionó ejemplos de cómo algunos agresores utilizan pasajes bíblicos fuera de contexto o apelan a conceptos como la “paternidad espiritual” o supuestos “pactos con Dios” para exigir obediencia absoluta y evitar que las víctimas cuestionen lo que ocurre.

Factores emocionales que mantienen el silencio

Montoya explicó que muchas víctimas permanecen durante años dentro de estas situaciones debido a dinámicas psicológicas complejas. En algunos casos, personas afectadas han permanecido más de quince años en entornos abusivos, especialmente cuando la manipulación comenzó durante la infancia o la adolescencia.

La psicóloga describe una “tríada emocional coercitiva” que suele bloquear a las víctimas e impedir que hablen. Esta dinámica incluye tres factores principales: el miedo —a ser rechazadas o castigadas—, la culpa —cuando la persona piensa que pudo haber provocado la situación— y la vergüenza, que deteriora la autoestima y la percepción del propio valor.

Falta de comprensión social e institucional

En su exposición también señaló que muchas iglesias reaccionan con poca empatía cuando aparecen denuncias de abuso, en parte por el temor a dañar la reputación de la comunidad religiosa. Según Montoya, este enfoque suele agravar el sufrimiento de las víctimas.

Asimismo, indicó que el sistema judicial todavía muestra un conocimiento limitado sobre las particularidades de los entornos religiosos evangélicos, lo que puede dificultar la comprensión de cómo se producen estos abusos.

Investigación y acompañamiento a víctimas

Desde 2022, Montoya trabaja a través de la iniciativa Metanoia, dedicada a brindar apoyo a víctimas y a sus familias, además de ofrecer formación en universidades e iglesias. Su investigación combina enfoques psicológicos, sociales y espirituales.

En 2025 también participó en la creación de Redcafe, la Red Colombiana contra el Abuso en Espacios de Fe. Este proyecto reúne a comunicadores, investigadores y sobrevivientes con el objetivo de generar conciencia, promover estudios sobre el tema y desarrollar protocolos de prevención y actuación en comunidades religiosas.

Entre sus iniciativas se encuentran un podcast especializado, la planificación de una encuesta nacional sobre abusos en contextos religiosos y la elaboración de recursos para iglesias y organizaciones.

La importancia de comprender el trauma religioso

Montoya subraya que muchas víctimas experimentan lo que denomina “trauma psicorreligioso”. Este tipo de trauma surge cuando prácticas abusivas dentro de estructuras religiosas dañan profundamente la percepción que la persona tiene de sí misma, de los demás y de Dios.

Por ello, considera fundamental acompañar a las víctimas mediante un proceso que reconozca tanto el daño psicológico como el impacto espiritual de estas experiencias.

Además, señala que denunciar el abuso suele implicar para muchas personas la pérdida de la comunidad en la que crecieron y desarrollaron gran parte de su vida espiritual y social.

Ante esta realidad, propone algunos principios básicos para acompañar a quienes han sufrido estas situaciones: escuchar con empatía, reconocer críticamente las prácticas abusivas, ofrecer redes de apoyo más allá de una sola iglesia y preparar a las víctimas para el proceso de denuncia, justicia y restauración.

Según su experiencia acompañando a unas veinte personas en los últimos años, la mayoría de quienes han sufrido abuso en contextos de iglesia no buscan represalias, sino sanar y reconstruir su vida.

Testimonio de una superviviente

Durante las jornadas en Madrid también participó Ana Milena Rubiano Madrid, una sobreviviente de abuso que logró ganar en los tribunales un caso contra un pastor evangélico tras un largo proceso judicial.

Rubiano forma parte de Redcafe y además impulsa la organización Metamorfosis, dedicada a acompañar a personas y comunidades afectadas por distintos tipos de violencia en ámbitos religiosos.

A través de talleres, materiales pedagógicos y proyectos artísticos, esta organización busca ayudar a las víctimas a romper el silencio y avanzar hacia procesos de recuperación personal y comunitaria

Fuente: Evangelio Digital