Cristianos en Política

¿Se puede hablar de política dentro de una iglesia?

La palabra política genera, para muchas personas, rechazo. Y es entendible en el contexto de nuestros países donde parece que la cuenta corriente es asociar política a corrupción y a cosas malas. Sin embargo, desde la política se deciden muchas cosas que afectan de forma directa o indirecta la manera en la que vivimos. Eso incluye la vida de los cristianos, la apertura de los templos, los eventos evangelísticos, las acciones sociales, etc. Pensemos por ejemplo en la pandemia, una decisión política definió que no se tenían que abrir los templos y en consecuencia, millones de cristianos no pudieron congregarse. En efecto es menester abordar estos temas ya que nos afectan a todos.

Los cristianos comprendemos que del “Señor es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”. Es decir, el que gobierna por encima de todos es Jesucristo. Y el Señor no le tiene temor a la palabra política. Él mismo rige a las naciones y las gobierna con su poder (Salmos 66:7). Por lo tanto, no podemos como cristianos mirar para otro lado cuando se trata de cuestiones políticas, porque nos guste o no, muchas cosas se definen allí.

Entonces surge la pregunta. ¿Pueden los cristianos hablar de política dentro de una iglesia? Cuando decimos iglesia nos referimos puntualmente a las comunidades de fe que conforman el “cuerpo de Cristo”, comprendiendo como tal que la “iglesia” no es un templo o un edificio en sí mismo sino las personas que integran dichas comunidades. Es en esas comunidades donde los líderes deciden qué temas se abordarán en las enseñanzas y los mensajes. Es allí donde muchos deciden no hablar de ciertos temas porque son sensibles y pueden incomodar a muchos. Y resulta que no hablar de algunos temas no hará que las personas de esa comunidad no tengan un pensamiento al respecto.

Veamos, la iglesia de Cristo es amplia y está compuesta por personas que tienen una idiosincrasia y una forma de ver la vida muy distintas unas de otras. Se supone que todas las personas crecen o crecemos en el conocimiento de Cristo y de su palabra. Sin embargo en la iglesia conviven distintas formas de ver la vida, y por lo tanto, distintas simpatías partidarias. Claro, llegan a la iglesia para que puedan crecer y llegar a la “estatura de Cristo”, como lo tenemos que hacer todos, día a día. Se supone que el desafío es que pensemos de acuerdo a criterios bíblicos.

Uno de los grandes inconvenientes es cuando aparece el fanatismo político de manera que llega a dividir a líderes y a personas y hermanos con muy buenas intenciones. Eso también ocurre por falta de madurez, pero no tendría que ser un impedimento para que podamos hablar de “ciertos temas” con altura. Insisto, evitar ciertos temas no es el camino más adecuado.

Un pastor se ocupa de guiar a las personas al conocimiento de Cristo y de su palabra y es parte de su labor “alimentar con la palabra” a las personas que forman parte de su congregación. Si las personas no aprenden mínimamente sobre algunas cuestiones políticas en base a criterios bíblicos lo harán en otros lugares y seguramente no tendrán como parámetros los cimientos de la fe cristiana sino postulados humanistas.

En ese sentido, en los últimos años, la indiferencia de la iglesia en relación a los temas políticos dejó un vacío que, lamentablemente, permitió que hombres perversos y corruptos hagan desastres en la gestión y la administración pública. Los vacíos se llenan con quienes estén disponibles y resulta que, en la mayoría de los casos, los que estuvieron disponibles eran personas sin ética ni escrúpulos.

Esto tampoco quiere decir que si un cristiano está en la gestión pública va a hacer automáticamente las cosas bien. Con dolor también hemos visto a personas que, con la bandera del evangelio, llegaron a posiciones de poder solo para demostrar que no estaban a la altura del mismo.

En cualquier caso, la política determina la forma en la que los ciudadanos convivimos. Y por alguna razón muchos cristianos consideraron que la vida cristiana se reducía a las prácticas espirituales y a la vida eclesiástica o a la vida dentro de un templo y una comunidad de fe.
Y eso es solo una parte de lo que aquellos que reconocemos a Cristo tenemos que considerar. La vida en una comunidad de fe es importante pero también lo son aquellos temas que atañen a las formas en las que la sociedad vive y se organiza.

Por lo tanto, los cristianos no podemos escapar a las distintas situaciones del quehacer político. Una ley de tránsito, por ejemplo, afecta en cómo nos movemos y trasladamos en una ciudad. Y dicha ley fue pensada y elaborada por legisladores y puesta en práctica por personas que trabajan en la gestión y la administración pública. Seamos o no creyentes esas cosas nos afectan.

Entonces los cristianos no podemos encerrarnos en nuestros templos, espacios y claustros religiosos.
Necesitamos comprender que lo de “afuera” nos afecta y afecta a nuestros vecinos. Y si decimos que queremos ser de bendición en una ciudad entonces hemos de ocuparnos también de esas “otras” cuestiones.

Muchos líderes religiosos prefieren evitar ciertos temas haciéndole honor a una vieja canción que decía “Mejor no hablar de ciertas cosas”.
En efecto, hay cosas de las que debemos hablar. Pero el problema surge cuando en un templo se habla de política desde una postura partidaria o se arenga hacia un espacio político. Esto es, cuando se usa un púlpito para manipular o guiar a la gente a que vote o milite para determinado partido político.

En algunos casos, lamentablemente, muchos pastores y líderes religiosos, reciben favores de intendentes o municipios o de determinados actores políticos y terminan siendo parte de un engranaje corrupto. Por eso algunos ministros tienen tendencia a actuar en favor de ciertos liderazgos políticos que les “dan favores”🤦‍♂️

El otro día un hermano de El Salvador, que estuvo por Buenos Aires estos días, me comentó: “Omar, tal pastor le dijo a su congregación en El Salvador que no vote por Bukele porque es un dictador”. Al margen de que lo que hizo ese pastor no es correcto, el problema viene más atrás. En todo caso la tarea de los ministros cristianos es transmitir las enseñanzas del evangelio para que luego las personas decidan con un criterio más amplio y justo a quién o a quiénes van a votar, sin ser influenciados.

Ahí es donde surge el problema, cuando un pastor o líder religioso se arroga el derecho de querer “dirigir” a que toda una congregación vote a un determinado candidato. Es que alguien puede decir, es que ese candidato es proaborto o super progresista o globalista. Y está bien.

Pero recordemos que nosotros no somos los que decidimos el futuro de un país. Actuaremos y haremos lo que está a nuestro alcance pero al final de cuentas la soberanía de un país la sigue teniendo el Creador, el Rey del Universo.

Y hablar de política no me refiero a hablar de partidos políticos o de líderes políticos sino de los temas tan simples como la limpieza del espacio público, la seguridad del barrio, las leyes injustas que atentan contra la familia y tantos otros temas que forman parte de nuestra vida cotidiana.

Los pastores pueden hablar de política, es menester hacerlo, pero es necesario hacerlo con sabiduría y madurez comprendiendo que las personas en una congregación tienen distintas formas de ver el mundo y que el desafío es que todos podamos pensar un poco más “bíblicamente”. Es necesario guiar a las personas a una participación intencional de los asuntos civiles y culturales. La iglesia tiene algo que decir en ese sentido. Lo que no puede hacer un líder espiritual es evitar hablar de ciertos temas por temor o en el otro extremo, decirle a la gente a quién tienen que votar.

La invitación que hago a los líderes es:

-Que los líderes tengan criterios bíblicos acerca de ciertos temas políticos para poder transmitirlos en sus congregaciones

-Se pueden crear reuniones para hablar de cuestiones políticas (no partidarias) para exponer qué piensan las personas acerca de algunos temas

-Respetar el hecho de que muchos querrán involucrarse de forma directa en cuestiones políticas y eso está bien si se mantiene lo partidario al margen de las actividades de la congregación.

-Comprender que en una congregación pueden y deben convivir personas que pueden tener distintas simpatías partidarias y que eso no tendría que entorpecer los vínculos en la comunidad de fe

Fomentar la madurez entre los hermanos de manera que no se peleen por cuestiones políticas sino que hablen con altura, respetándose como buenos hermanos y ciudadanos. Porque ¿qué ejemplo le daremos a los demás si nosotros no podemos sostener una conversación con alguien que piense muy distinto a nosotros?

Es nuestra tarea enseñar los principios de reino y también guiar a que las personas busquen, indaguen, estudien ellas mismas la palabra de Dios y al mismo tiempo estén informados acerca de la actividad política local. Esto es: conocer las problemáticas de su ciudad, conocer a los funcionarios, candidatos, trayectorias y plataformas electorales. No decirles: “tenés que votar a tal o a cual”. Espero que tengamos la madurez necesaria y suficiente para hablar de temas que incomodan pero que lo hagamos con altura, en base a criterios bíblicos, con sabiduría y no en base a una postura partidaria.

Tal vez de eso se trate la libertad, no de que las personas elijan lo que yo quiero, sino que ellas piensen por sí mismas y quiera Dios que lo hagan arrimados a los principios de la palabra de Dios y lejos de las ideologías humanas y temporales.

Omar Sarmiento