Cristianos en Política

Un pastor, una causa y un precio alto: cuando la fe incomoda al poder

En tiempos donde la fe también busca abrirse camino en la vida pública, la historia de Saturnino Cerrato deja una marca profunda y necesaria.

Tras las protestas de 2018 en Nicaragua, Cerrato decidió no quedarse en silencio. Como pastor y líder, apoyó abiertamente al movimiento cívico que se levantó contra el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Desde el Partido Restauración Democrática (PRD), trabajó para unir a distintos sectores en la Coalición Nacional, con el deseo de construir una alternativa desde valores, diálogo y convicciones.

Pero el camino no fue fácil.

En 2021, el Consejo Supremo Electoral canceló la personería jurídica del PRD, impidiéndole participar en elecciones. Para muchos, fue una clara represalia por su postura opositora. Ese mismo año, la presión aumentó no solo sobre políticos, sino también sobre líderes cristianos y organizaciones de fe.

Frente a este escenario, Cerrato bajó su exposición pública. El proyecto de tender puentes entre la fe y la política quedó frenado, en un contexto donde creer, opinar y participar comenzó a tener consecuencias cada vez más duras.

Su historia dio un giro aún más doloroso con el exilio forzado. En 2023 salió de Nicaragua, y cuando intentó regresar, se le negó la entrada a su propio país. Una orden directa le impidió incluso subir a un bus de regreso. Así, quedó fuera de su tierra.

Su fallecimiento en el exilio conmovió a muchos. Fue recordado como un hombre de diálogo, amable, firme en su fe y comprometido con su país. Alguien que no buscó confrontar desde el odio, sino construir desde sus convicciones.

La vida de Saturnino Cerrato nos deja una pregunta que interpela:
¿Estamos dispuestos a sostener nuestra fe también cuando tiene costo?
Porque cuando la fe sale del templo y entra en la realidad, incomoda… pero también transforma. Y aunque haya puertas que se cierren, Dios sigue abriendo caminos donde parecía imposible.

Por Maby Pastrana