Israel acogerá del 1 al 4 de junio de 2026 un festival denominado “Pride Land” en la región del Mar Muerto. El evento, según reportes de The Jerusalem Post, busca consolidarse como el mayor encuentro LGBTQ+ celebrado en Oriente Medio.
El festival se llevará a cabo en el desierto de Judea, donde los organizadores planean instalar una infraestructura temporal que funcionará como una “ciudad del evento” durante cuatro días. El proyecto contempla la utilización de hoteles cercanos, complejos turísticos y espacios abiertos adaptados para espectáculos y actividades masivas.
De acuerdo con los organizadores, la iniciativa cuenta con una inversión significativa y está diseñada para operar de manera ininterrumpida, con presentaciones artísticas, eventos culturales y actividades recreativas dirigidas tanto a visitantes locales como internacionales.
Además de su componente festivo, el evento incluirá espacios orientados a familias y propuestas culturales diversas. Entre los objetivos declarados se encuentra impulsar el turismo en la región del Mar Muerto y reforzar la proyección internacional de Israel como destino turístico.
El anuncio se produce en un contexto marcado por desafíos para el sector turístico en el país, debido a tensiones regionales recientes. En este escenario, iniciativas de gran escala como esta buscan contribuir a la reactivación económica y a la atracción de visitantes extranjeros.

Reacciones y debate público
La organización del festival ha generado distintas reacciones en el ámbito público. Mientras algunos sectores lo consideran una propuesta cultural y turística relevante, otros han expresado cuestionamientos, especialmente por la elección del Mar Muerto, área vinculada históricamente a relatos bíblicos.
Las opiniones se han manifestado principalmente en espacios digitales y redes sociales, donde conviven posturas de apoyo a la diversidad con críticas de carácter cultural y religioso.
El Mar Muerto, tierra de memoria bíblica, será escenario de un evento que refleja el momento cultural que vivimos. Y eso abre preguntas que vale la pena sostener sin prisa: ¿cómo relacionarnos con una cultura que cambia aceleradamente? ¿Cómo defender lo que creemos sin cerrarnos al diálogo? La respuesta no está en la reacción impulsiva, sino en la formación, la oración y una participación pública madura y fundamentada.
Por: Morena Campos
