La Cumbre por la Paz y la Reconciliación tuvo su noche de gala con la participación de 29 delegaciones de 22 países, así como representantes de 18 provincias. Este miércoles dio comienzo la Cumbre por la Paz y la Reconciliación, organizada por Parlamento & Fe.

Referentes políticos, entre los que se encontraban diplomáticos, legisladores y alcaldes de distintas latitudes, así como líderes empresariales, profesionales y religiosos de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Italia, Israel, México, Países Bajos, Paraguay, Panamá, Perú, Rumania, Ucrania, Uruguay y Venezuela, se dieron cita en el Palacio Libertad con la premisa de establecer principios sólidos de paz, reconciliación y armonía en medio de una sociedad cada vez más crispada y dividida.
La apertura contó con la presencia del entonces Ministro del Interior de la Nación, Diego Santilli. Además, tuvo la distinguida participación del Coro Polifónico Evangélico y la Camerata Paz.

Gerardo Amarilla, ex presidente de la Cámara de Diputados del Uruguay, y Arnoldo Wiens, actual candidato a presidente de Paraguay, como miembros fundadores de este movimiento, dieron las palabras de bienvenida en representación de los organizadores. Recordaron que en 2008 nació Parlamento & Fe como un espacio de reflexión y análisis acerca de las necesidades de la clase dirigente.
“Éramos un puñado de hombres y mujeres de apenas tres países, y hoy están presentes representantes de los cinco continentes”, resaltó Amarilla.
“Los políticos cristianos muchas veces se sienten solos e incomprendidos, por lo que la idea fue crear un espacio de camaradería y diálogo profundo”, mencionó Wiens. “Vemos que, a lo largo de los años, cada vez hay más personas del ámbito evangélico que se animan a participar en áreas de influencia como la política”.
“Es un ámbito que creció bajo la autoridad divina. Por eso, la intención es crear espacios de paz y reconciliación. Hay mensajes de desaliento que intentan hacer pensar que todo está perdido, pero esta reunión aquí en Argentina es para demostrar que todavía hay esperanza en Dios para los pueblos”, finalizó el político uruguayo.

El encargado de exponer un mensaje de esperanza y reconciliación fue Alejandro Rodríguez, director de JUCUM.
Entre sus principales palabras expresó:
“La reconciliación consta de pequeños pasos de obediencia que pueden traer grandes consecuencias. Pudimos dar un mensaje de reconciliación en Ruanda hace un par de décadas. Los hutus y los tutsis protagonizaron una batalla étnica que trajo mucho dolor al pueblo, produciendo más de un millón de refugiados. Allí estaban enfrentadas dos tribus a muerte, pero por la gracia de Dios, un grupo de 95 argentinos estuvo durante más de seis meses llevando un mensaje de reconciliación y ayuda humanitaria.
Luego de 20 años de aquella cruzada, Ruanda experimentó un gran cambio en lo económico, social y cultural, con una reducción significativa de la pobreza. En toda nación, las relaciones son fundamentales, y cuando hablamos de reconciliación no sólo hablamos de lo macro, sino también de lo micro. Naciones enfrentadas, sociedades conflictivas, instituciones resquebrajadas, familias destruidas y personas heridas son el resultado de diferencias irreconciliables.
2 Corintios 5:18-19 dice: ‘Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación’.
La reconciliación comienza primero entre nosotros y Dios; luego, entre nosotros y quienes nos rodean. Mucha gente que delinque ha tenido graves conflictos familiares, especialmente con sus padres. Por eso debemos ayudar a otros a reconciliarse con Dios y, por último, ayudar a reconciliar todas las cosas con el Creador.
Economía, justicia y gobierno son temas sobre los cuales la Biblia tiene mucho para decir. Dios tiene algo que expresar en cada uno de estos ámbitos. La cruz no sólo sana nuestros corazones, sino que también reconcilia todas las cosas.
Por sobre todas las cosas, la palabra más importante es el perdón. Jesús, el sufrido varón de dolores, perdonó aun cuando nunca le pidieron perdón, simplemente porque era inofendible. La humildad no es señal de debilidad, sino sinónimo de grandeza. Reconciliémonos primero en nuestro corazón ”.