Cristianos en Política

No se buscan líderes de gestión perfecta, se busca líderes que hablen con verdad

Desde el inicio digo que son inseparables. Y esa condición de unidad las hace poderosas, capaces de sostener el camino de las transformaciones más profundas, tanto individualmente como en una sociedad toda.

Si lo aplico a la política, digo que son los valores más revolucionarios.

La historia de la humanidad nos muestra que los liderazgos que han provocado cambios trascendentales fueron creados y sostenidos por personas normales, llenas de limitaciones, pero que demostraron un aprecio y un cuidado especiales por la verdad y la libertad.

Y, obviamente, existieron aquellos que se subieron al pedestal de libertadores, pero con un mensaje mentiroso, vacío de verdad: un relato, un cuentito delirante que, al final del tiempo, se disipó como humo. Lo triste, en este caso, son las miles de personas que creyeron ese relato y que, con escaso análisis propio, lo siguen repitiendo.

Me gusta mucho la frase atribuida a Juan Pablo II: “La paz exige cuatro condiciones esenciales: verdad, justicia, amor y libertad”.

Cuando pienso en la política, veo un resurgir del uso de la verdad cada vez en más referentes. Es como si hubiera una conciencia mayor de su poder liberador. Hay liderazgos que están entendiendo que la relevancia de sus actos públicos será edificada y sostenida en el tiempo sobre estas dos columnas: la verdad y la libertad, capaces de soportar todo el peso de los vaivenes propios del juego del poder.

De la misma manera, no deja de sorprenderme la capacidad de imaginar verdad en tanta mentira esclavizante por parte de un sector no poco numeroso de la clase política. Son conciencias cauterizadas que ya no sienten ningún peso en su propia conciencia. Se han autoconvencido de que “esa” es la forma de hacer política. Pueden mentir para esclavizar sin que sus caras de hierro se conmuevan, levantar la voz para defender los argumentos más insostenibles o hacer pucheros, poniéndose en el lugar de víctimas de supuestos opresores ideológicos. Y obviamente, existieron aquellos que se subieron al pedestal de libertadores, pero con un mensaje mentiroso, vacío de verdad, un relato, un cuentito delirante que al final del tiempo se disipó como humo. Lo triste, en este caso, son las miles de personas que se creyeron ese relato y, con escaso análisis propio, lo siguen repitiendo. Les enumero algunos para que se entienda:

1-Los que hablan en nombre de la clase trabajadora, pero mienten y viven como ricos, esclavizando a miles de obreros mediante aportes obligatorios.
2-Los que hablan en nombre de la producción nacional, pero recargan los precios de su producción y fortalecen monopolios que terminan esclavizando al consumidor.
3-Los que hablan en nombre de los derechos de la mujer, pero son capaces de defender la eliminación de un ser humano sin capacidad de defenderse.
4-Los que hablan en nombre de nuevas libertades, pero terminan promoviendo una inmoralidad generalizada, irrespetuosa de la biología y de la cultura occidental.
5-Los que hablan en nombre de la revolución y de la transformación, pero aprovechan el poder para enriquecerse y, al mismo tiempo, sostienen un relato mágico de transformación ilusoria.
6-Y también están los que hablan en nombre de la libertad, pero utilizan esa palabra para justificar cualquier cosa, olvidando que no existe verdadera libertad cuando se destruyen la verdad, la responsabilidad y el respeto por el otro.

Todos ellos tienen algo en común: toman una causa noble, la convierten en bandera y después utilizan esa bandera para ocultar sus propias contradicciones. Porque no alcanza con hablar en nombre de la justicia, de los trabajadores, de los derechos, de la revolución o de la libertad. La pregunta siempre debería ser si detrás de esas palabras existe verdad.

Me llena de esperanza esta revalorización que se percibe en la región sobre el valor de la verdad y, por consiguiente, sobre un camino mucho más certero hacia la verdadera libertad. No hay un solo ejemplo en el mundo que muestre resultados positivos cuando se utilizó la mentira política. Es verdad que la gente se cansó de ser esclava, de mirar la libertad desde lejos.

Creo que esta reubicación de la verdad, que trae como consecuencia un desafío moral superlativo, es uno de los retos más importantes que la clase política tiene hoy.

De alguna manera, ya no se buscan líderes ni gestiones públicas perfectas; ya se sabe que eso es imposible. Pero sí hay una demanda de liderazgo liberador que, al proclamar verdades, asegure el mejor camino para el bien común y la transformación.

Finalizo este escrito recordando lo que escribió Santiago en las Escrituras:

“Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”

Lo traduzco para el mundo de la política:

“Pero el que está atento a conocer la libertad que la verdad provoca y se esfuerza en vivirla en su actuación política, será valorado y reconocido en toda su gestión”.

Dr. Marcelo Díaz