Al menos 26 personas murieron y varias resultaron heridas durante una serie de ataques perpetrados entre la noche del lunes 17 y la madrugada del martes 18 de agosto en tres comunidades cristianas del estado de Plateau, en el centro de Nigeria. La localidad de Bin-Per, en el área de gobierno local de Mangu, fue la más afectada, con 25 víctimas, mientras que otras incursiones en Jwak y Murish dejaron un muerto y varios heridos. Los ataques se producen en una región marcada desde hace años por los enfrentamientos entre comunidades cristianas de agricultores y pastores, mayormente musulmanes, en medio de disputas por el acceso a la tierra y los recursos.
Según testimonios recogidos por AFP, los habitantes de Bin-Per fueron sorprendidos durante la noche mientras dormían. Algunos vecinos lograron escapar al escuchar los ruidos y los gritos, mientras otros murieron dentro de sus viviendas. La violencia dejó además unas 38 casas incendiadas y provocó la destrucción de cultivos y depósitos de alimentos, agravando la preocupación por la seguridad alimentaria de familias que dependen de la agricultura de subsistencia.
El contexto de estos ataques es especialmente complejo. En Plateau conviven comunidades cristianas de agricultores y pastores nómadas fulani, mayoritariamente musulmanes, y durante años se han registrado enfrentamientos vinculados con la tierra, los recursos, las tensiones económicas y políticas y las represalias entre comunidades. El informe de AFP señala que los ataques de Bin-Per ocurrieron después de la muerte de dos pastores registrada la semana anterior, seguida de un ataque de represalia contra la localidad cercana de Maitimbe.
Ante la tragedia, las autoridades de Plateau condenaron el ataque y pidieron a la población mantener la calma y evitar represalias. La Asamblea estatal reclamó además el envío urgente de asistencia médica y alimentos y solicitó a las fuerzas de seguridad adoptar medidas preventivas para impedir nuevos episodios de violencia.
Para la comunidad cristiana internacional, las noticias procedentes de Nigeria vuelven a poner de manifiesto la difícil situación que atraviesan numerosas comunidades de fe en distintas zonas del país. En medio del dolor de las familias afectadas, iglesias y creyentes son llamados a acompañar a las víctimas en oración y a pedir por la paz, la protección de las comunidades y el fin de los ciclos de violencia y represalias.
Por Noelia Farías
