Cristianos en Política

Tres claves políticas para la transformación. Y las tres deben estar en el corazón

Tres claves para salvar un continente

(Es mi opinión, por supuesto)

Desde hace unos años, tengo el enorme privilegio de ser parte de un grupo de personas que piensa que Dios ha llamado a la nueva generación a transformar las naciones, específicamente desde el ámbito de la política.

En este equipo, compuesto por maravillosos líderes y amigos, intentamos complementar nuestros saberes y dones para animar, alentar, corregir, instruir e influenciar a cientos de jóvenes que confiesan tener un llamado del cielo para ser gobernantes. Nos sentimos honrados de que la gracia de Dios nos haya permitido ser instrumentos en Sus manos para este fin. Y hacemos lo mejor que podemos para alcanzar esa meta.

Más allá de las estrategias y del conocimiento de las vueltas y desafíos de la política, creo que hay claves indispensables que es preciso recordar y hacer crecer en nuestra vida para que realmente podamos, todos los que tenemos este llamado, lograr hacer una diferencia.

Humildad

Esta clave nos posiciona directamente bajo el favor de Dios. Nos acerca a Él, sin dudas. Es imposible que Dios pueda usar al que ya sabe todo o al que desmerece al otro por su condición social, intelectual o apariencia.

A veces, creemos que somos la cuarta persona de la Trinidad.

Es tan malo el orgullo como la falsa humildad: esa capacidad de poner cara de buena persona para poder manipular y conseguir beneficios porque creemos merecerlos más que los demás. Esa manía latinoamericana de creerse indispensable y necesario… solo produce cansancio en el corazón de Dios y, lo peor, lejanía.

Dios no está, no bendice, no habla ni acompaña a los orgullosos.

Los pueblos perciben tanto la humildad como el orgullo. Se dan cuenta cuando querés ser el “líder político del cosmos cuántico del siglo XXI”. Pará, capo, ¿quién sos?

Es posible que la gente soporte tus saberes a pesar del olor pestilente de tu orgullo, pero, en algún momento, dejará de comprar las entradas para escuchar tu conferencia y descubrirás que te quedaste solo, hablando a la nada misma.

Podés saber mucho, pero si tu luz de orgullo no alumbra el camino de otros y la usaste tanto para alumbrarte a vos mismo, la gente se cansó.

Dar

Me enseñaron que todo lo que sabemos y tenemos no nos pertenece. Apenas somos administradores del conocimiento y de los dones que le pertenecen a Dios. Y que nuestra obligación es ser mayordomos sabios para multiplicar esos bienes.

Creo que lo mejor que podemos hacer es dar. Y dar con sabiduría y generosidad.

Obvio, lo más valioso es dar vida y tiempo a los demás. Son joyas invaluables que pueden cambiar la vida de las personas.

En medio de una generación mala y perversa, dar respeto y bondad es poderoso. Creo profundamente que debemos aprovechar cada minuto de nuestra vida para contagiar vida a quien encontramos en nuestro camino. De muchas formas o, mejor dicho, de la forma en que Dios nos pida.

Los pueblos han sufrido saqueo durante mucho tiempo. Y no solo de sus economías: también el robo de su valor como personas origina pobreza. El robo de valores provocó corrupción e inmoralidad. El robo de justicia provocó desesperanza en miles.

Los cristianos en política estamos para dar, para nada más. Dar una buena gestión, dar respeto al otro, dar atención al que sufre, dar valor al ignorado, dar presencia al olvidado y dar progreso al que trabaja.

Dar en toda su dimensión, tal como hizo Dios. Nuestro Dios es un Dios que da; es parte de Su esencia.

La política no es para los tacaños, miserables y egoístas. Al menos, la política desde la perspectiva de Dios.

La Biblia describe claramente que, para todos los llamados a ser líderes, una condición indispensable era su disposición a darlo todo, incluyendo, a veces, la vida.

Trabajo

Tenemos un Dios que trabaja y le encanta invitar a Sus llamados a que hagan lo mismo.

¿Así que vos tenés el “espíritu de político pensador de escritorio”? Este llamado no es para vos.

Jesús nos dio un ejemplo tan concreto al recorrer las ciudades para dar a conocer el Evangelio. De la misma manera, el político trabajador debe conocer el territorio y a su gente.

Es imposible hacer la diferencia sin trabajar. El esfuerzo y el sacrificio son herramientas que producen madurez en el político.

La vagancia produce gusanos en el alma, acorta la visión y fortalece el uso de la mentira: hablo, pero no hago; prometo, pero no cumplo.

Dios no va a respaldar a ningún candidato del partido político del padre de mentira, te lo aseguro.

Humildad. Dar. Trabajar.

Tres claves políticas para la transformación. Y las tres deben estar en el corazón.

Es tal el nivel de mediocridad general de la dirigencia política latinoamericana que, cuando leo que Dios quiere que seamos luminares en el mundo, siento que tenemos, otra vez, una oportunidad única que no podemos desaprovechar.

Solo necesitamos disponer el corazón cada mañana y mantener el espíritu dócil, con oídos atentos para escuchar las instrucciones del Espíritu Santo, que nos indica cómo ser los mejores actores políticos que podamos ser.

Siendo así, transformaremos la acción política y, como resultado, transformaremos nuestras naciones. Y, como resultado… veremos el Reino de Dios en nuestras naciones.

Abrazo a todos, menos a los orgullosos, tacaños y vagos.