Cristianos en Política

Desmontando el mito de la identidad “Trans”

El colapso del modelo afirmativo, el peso del rigor científico frente a la ideología y la urgencia de volver a la clínica para proteger a la infancia

Imaginemos a un adolescente que llega al consultorio expresando que su identidad no coincide con su sexo biológico. Históricamente, el consenso clínico indicaba que el deber del profesional era escuchar, acompañar e investigar las raíces psicológicas subyacentes a ese malestar.

Sin embargo, el ámbito de la salud mental se ha visto reconfigurado en los últimos años por la imposición del llamado “modelo afirmativo”.

Este enfoque exige a padres y terapeutas validar la autopercepción del menor de forma automática, clausurando de antemano cualquier exploración clínica. El protocolo institucional empuja al paciente rápidamente hacia la transición social, el uso de bloqueadores puberales y, eventualmente, cirugías irreversibles. Cualquier intento de aplicar cautela diagnóstica suele ser penalizado y estigmatizado como una manifestación de odio.

El colapso del relato y el fenómeno del contagio social

Este paradigma, sostenido durante años mediante el silenciamiento del disenso, ha comenzado a fracturarse bajo el peso de la evidencia empírica. El punto de inflexión fue el “Informe Cass” (2024), una auditoría médica exhaustiva encargada por el Servicio Nacional de Salud británico. La Dra. Hilary Cass investigó estas prácticas y concluyó que la base científica para administrar dichos tratamientos a menores es “extremadamente débil”. La contundencia de los hallazgos obligó a las autoridades del Reino Unido a clausurar de forma definitiva la clínica Tavistock, el mayor centro de transición infantil del mundo.

Las estadísticas revelan un panorama clínico ineludible: en apenas una década, las derivaciones de menores por disforia aumentaron un 4.000%. Lejos de representar un mero “despertar” identitario, la realidad clínica apunta a una epidemia de contagio social. Este fenómeno se ve catalizado por múltiples vectores:

  • La influencia desproporcionada de las redes sociales, influencers, Hollywood y plataformas de entretenimiento.
  • La fuerte presión de pertenencia en el grupo de pares.
  • La promoción sistemática de estas narrativas financiada por el Estado.

Cuando un porcentaje atípico de alumnos en una misma aula adopta repentinamente identidades “trans” o “no binarias”, el rigor clínico exige ir más allá de la superficie. La disforia opera, en una gran cantidad de casos, como un mecanismo de defensa psíquico. Los adolescentes recurren al marco del género para intentar darle sentido a angustias profundas, soledad o conflictos familiares que carecen de otras vías de expresión.

La ciencia frente a la fragilidad teórica: el mito del “cerebro trans”

La premisa de un “cerebro femenino atrapado en un cuerpo masculino” carece de sustento científico riguroso. El concepto de “identidad de género” fue acuñado en los años 50 por el psicólogo John Money, cuyo experimento con los gemelos Reimer intentó probar que el género era una construcción moldeable..

Aunque inicialmente se vendió a la prensa como un hito rotundo, el experimento derivó en un fracaso catastrófico y dejó secuelas traumáticas irreparables en ambos pacientes.

En 2016, la revista científica The New Atlantis publicó un exhaustivo informe que desarticuló la teoría del determinismo biológico. Al revisar décadas de literatura médica, los investigadores concluyeron que no existe un “gen trans” ni un origen innato para la condición.

La prueba más concluyente proviene de los estudios en gemelos idénticos: si uno presenta discordancia con su sexo biológico, en la abrumadora mayoría de los casos el otro no lo hace. Esto reafirma categóricamente que el origen del malestar está ligado a factores ambientales, experiencias tempranas y la biografía singular del individuo.

La conclusión del informe es una máxima que resguarda la ética profesional: alterar quirúrgicamente un cuerpo sano jamás podrá resolver el sufrimiento psíquico subyacente.

Ceguera diagnóstica, trauma y presión sistémica

Un espejismo es peligroso no solo por lo que proyecta, sino porque nos desvía de la realidad empírica. El modelo afirmativo institucionaliza una grave negligencia clínica: la ceguera diagnóstica. Esto ocurre cuando la afirmación rápida de la identidad de género invisibiliza cualquier otra condición del paciente.

Conceptos fundamentales, como las comorbilidades (la presencia simultánea de cuadros preexistentes como el autismo, el TDAH o la depresión severa), son sistemáticamente ignorados. Aún más alarmante es la omisión estructural del trauma temprano. En el ámbito de la psicología y la prevención del abuso sexual infantil, la experiencia clínica demuestra cotidianamente que las heridas profundas no procesadas tienden a mutar en síntomas identitarios severos. El informe de The New Atlantis documenta, precisamente, una fuerte correlación entre el desarrollo de la disforia y antecedentes trágicos de abuso infantil.

Al precipitar la transición médica y colocar una etiqueta, el sistema le niega al adolescente el abordaje terapéutico necesario, dejando la fractura emocional original sin sanar.

Paralelamente, las familias son sometidas a una coerción psicológica mediante falsas dicotomías paralizantes, sugiriendo que la transición médica es la única alternativa al suicidio (“¿Qué prefiere: un hijo trans vivo o un hijo muerto?”). Sin embargo, la literatura científica desmiente que la medicalización prevenga el riesgo suicida a largo plazo. El cuerpo se altera, pero la estructura de la angustia permanece intacta.

Ingeniería cultural y el robo de la infancia

La normalización de intervenciones irreversibles en menores requiere una anestesia previa de la sociedad. A través de narrativas educativas y de entretenimiento que romantizan la “fluidez”, se adormece el instinto natural protector de los adultos. El juicio crítico de los padres es extirpado y sustituido por una tolerancia pasiva y temerosa.

La consecuencia más severa de este andamiaje es el robo de la infancia. El desarrollo infantil procesa la realidad a través del juego, la exploración y la fantasía.

El activismo actual, sin embargo, impone una mirada adultocéntrica sobre conductas inofensivas. Lo que antes era un espacio lúdico y transicional vital para madurar, hoy es capturado y convertido forzosamente en un diagnóstico médico de por vida, cristalizando una duda temporal en un proyecto permanente.

Volver a la clínica: la verdadera compasión y la Imago Dei

Todo síntoma encubre un sufrimiento genuino, una historia biográfica que exige ser decodificada. Como establecía el marco psicoanalítico de Freud, la terapia no busca poner un parche estético sobre la manifestación externa, sino quitar capas para entender su etiología. El padecimiento profundo del paciente debe ser el verdadero motor para un proceso de cura valiente.

La verdadera compasión clínica se opone frontalmente a la validación pasiva de una narrativa ideológica. Consiste en la disposición ética a escuchar el dolor real, rastrear las heridas fundacionales y ofrecer un marco terapéutico genuino.

Este abordaje restituye el principio teológico ineludible de la Imago Dei: la certeza de que todo ser humano posee una dignidad intrínseca al haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Como enseña el texto bíblico: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Esta dignidad originaria no fluctúa con los estados emocionales, las modas culturales ni la validación institucional. La identidad humana se descubre y se sana al abrazar el diseño con el que fuimos intencionalmente creados, no remendándola artificialmente con fármacos o quirófanos.

Frente a la complacencia institucional y la manipulación cultural, la adultez exige recuperar la cordura. Es tiempo de trascender la etiqueta para mirar a la persona, devolviéndole a la familia su rol primordial: acompañar con verdad empírica y amor integral a quienes hoy piden auxilio.

Lic. Ezequiel Baigorrea

Ezequiel Baigorria es psicólogo clínico, preventor de ASI y coautor del libro “El nuevo genocidio”. Enseña en el Seminario intensivo “Detrás del Espejismo. Lo que la ideología calla y la clínica revela”. Un espacio diseñado para dotar a las familias de respuestas firmes frente al avasallamiento de la ideología de género.