El caso de un maestro cristiano en Tennessee terminó convirtiéndose en un debate sobre libertad religiosa, conciencia y el derecho de los padres a conocer qué se enseña a sus hijos.
Eric Rivera, maestro de primer grado de KIPP Nashville, se negó a leer a sus alumnos dos libros que incluían matrimonios entre personas del mismo sexo porque consideraba que ese contenido chocaba con sus convicciones cristianas.
Pero Rivera no pidió que nadie dejara de leerlos. Su propuesta fue sencilla: que otro docente realizara esas lecturas mientras él continuaba con su tarea de enseñar. La escuela, sin embargo, inicialmente lo sancionó y lo apartó de su puesto.
El docente decidió defender su postura con el respaldo de First Liberty Institute. Finalmente, la sanción fue retirada de su expediente y se establecieron adaptaciones religiosas para los maestros.
Ahora, KIPP Nashville dio un nuevo paso: retiró del currículo de primaria varios de los materiales que habían generado la controversia para el ciclo 2026-2027.
La decisión vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que preocupa a muchas familias: ¿quién decide qué contenidos llegan a los niños y hasta dónde puede una institución exigirle a un docente que actúe contra sus convicciones?
Para Rivera, mantenerse firme tuvo consecuencias. Pero también dejó un mensaje: la fe no debería ser algo que una persona tenga que esconder para conservar su trabajo.
La Biblia nos recuerda: “los dos serán una sola carne” (Mateo 19:5). En tiempos donde muchas convicciones cristianas son cuestionadas, el desafío sigue siendo el mismo: permanecer firmes en la verdad, pero hacerlo siempre con respeto, amor y convicción.
Por Maby Pastrana

Periodista, locutora nacional y conductora de radio y TV.
Especializada en comunicación con propósito y coaching motivacional
