Cristianos en Política

Apagar las luces y tirar humo no produce espiritualidad instantánea

Estoy algo molesto, al borde del enojo. Podría llamarlo “enojo santo ministerial”.

A pesar de que estoy estrenando el título de abuelo, mi corazón y mi visión sobre el ministerio cristiano hacia la juventud no han decrecido con los años. Es más, creo que hoy soy más exigente respecto de lo que, al menos yo, percibo que es la necesidad.

¿Por qué estoy molesto?

Porque veo una enorme improvisación y superficialidad disfrazadas de liderazgo juvenil en la mayoría de nuestras iglesias. Obviamente, hay excepciones honrosas y maravillosas que, con enorme esfuerzo y dedicación, guían a la nueva generación. A ellos, mis respetos y admiración totales.

A ver…

  1. Se confunde carisma con desubicación. Creen que hacer chistes sin sentido puede esconder su falta de profundidad a la hora de tratar un tema.
  2. No saben de Biblia. Inventan historias increíbles intentando dar una predicación atrayente. No saben porque estudian muy poco.
  3. Creen que apagar las luces y tirar humo produce espiritualidad instantánea.
  4. En general, la estructura de las reuniones es una pobre copia de ministerios extranjeros, más que el resultado de ideas creativas propias.
  5. De pronto, gente que no estudió se convierte en experta en coaching empresarial, liderazgo en todas sus variantes, consejería, moda, cocina, etc.

Ya sé que los tiempos han cambiado y que es preciso actualizar la forma de hacer las cosas. Pero una cosa es eso, y otra muy distinta es esa tendencia juvenil del siglo XXI a vivir sin sacrificio, sin reconocer el mérito, buscando la solución instantánea como si fuera una aplicación de celular y, con una cara de hierro, pretender que todo salga bien.

¡NO ES ASÍ!

  1. No deberíamos liderar sin tener el don de presidir. (Romanos 12:8)

Ningún liderazgo puede sostenerse por herencia, por profesionalismo y mucho menos por necesidad. Se es líder por llamado y por tener los dones que garantizan una capacidad sobrenatural para servir a la iglesia, que es una organización espiritual.

  1. La capacitación es una herramienta muy valiosa. (1 Pedro 3:15)

Las ideas y los principios espirituales deben poder defenderse frente a un mundo que quiere destruir a la juventud. No se puede improvisar más.

  1. La unción no sostiene el carácter; el carácter sostiene la unción. (1 Pedro 5:2-3)

Esto va para los maltratadores seriales, que creen que su equipo está formado por esclavos que deben rendirse a su voluntad inmadura y caprichosa. No son pocos los colaboradores que, en privado, me hablan del sufrimiento que les provoca el carácter abusivo de su líder.

Estoy enseñando sobre el mundo complejo. Les reitero la definición: un método de pensamiento nuevo, válido para comprender la naturaleza y la sociedad, reorganizar la vida humana y buscar soluciones a las crisis de la humanidad contemporánea.

Es decir, el mundo de estos días no es sencillo de sobrellevar. Mucho menos puede tomárselo livianamente, creyendo que se puede liderar a los jóvenes sin tener esta realidad en cuenta.

A los jóvenes cristianos no les atrae la institución iglesia; la consideran aburrida y vieja. La llaman religión y la sufren fin de semana tras fin de semana cuando, en cada reunión, les dicen lo que no son, sin explicarles por qué no lo son. Pero tampoco les satisface el coaching mal enseñado del “tú puedes”, sin enseñar la dependencia del Espíritu Santo.

Odian que les mientan desde el púlpito con vidas cuyas acciones no coinciden con las palabras. Quieren conocer a Jesús profundamente y saber que Él no se va a espantar por sus múltiples confusiones. Quieren que el Espíritu Santo los toque, pero que no los empujen ni los obliguen a arrodillarse y llorar porque eso es lo que el líder demanda para simular el impacto de su pobre predicación.

¿Cómo se logra ser un líder juvenil del siglo XXI?

Se requiere la mayor certeza posible de tener un llamado divino. Identificar los dones y perfeccionarlos al máximo (los libros no muerden…), tener una disposición humilde para ser mentoreado por personas con mayor experiencia y, sobre todo, amar a la nueva generación, que está buscando con desesperación autenticidad en el abrazo, misericordia frente al pecado y profundidad bíblica en los consejos, de tal forma que puedan enderezar todo lo torcido que este mundo ofrece.

Necesitamos jóvenes que se parezcan a Jesús.

Dr. Macelo Diaz