La participación de líderes vinculados al mundo evangélico continuará teniendo presencia en la política costarricense tras las elecciones generales celebradas el 1 de febrero de 2026. Aunque algunos sectores conservadores no lograron obtener representación a través de los espacios políticos tradicionales con los que habían participado en años anteriores, diversos dirigentes cristianos formarán parte de la próxima Asamblea Legislativa.

Analistas locales habían advertido que la falta de diputados electos por algunos partidos identificados históricamente con el electorado evangélico podía significar una reducción de la influencia de este sector en el Parlamento. Sin embargo, la conformación del nuevo Congreso muestra que varios legisladores con trayectoria en iglesias, organizaciones provida y movimientos cristianos seguirán ocupando espacios de relevancia dentro de la vida política nacional.
Según medios costarricenses, al menos cinco legisladores electos mantienen vínculos directos con el liderazgo evangélico y conformarían un bloque de valores conservadores dentro de la bancada oficialista de Pueblo Soberano, partido que obtuvo 31 de los 57 escaños legislativos.
Entre ellos figuran Robert Jr. Barrantes, Kattia Mora, Gerardo Bogantes, Daniel Siezar Cárdenas y Gonzalo Ramírez, todos relacionados de alguna manera con iglesias, ministerios o instituciones representativas del movimiento evangélico en Costa Rica.
Kattia Mora, por ejemplo, es pastora evangélica, líder comunitaria y abogada. Además, está vinculada a importantes referentes de la comunidad cristiana del país y ha destacado públicamente que su vocación de servicio está fundamentada en principios de fe, justicia y compromiso social.
Por su parte, Gerardo Bogantes ha desarrollado una amplia trayectoria en organizaciones dedicadas a la defensa de la vida y la protección de la niñez. Entre sus responsabilidades se encuentra la vicepresidencia del Frente Nacional por la Vida y la cofundación de iniciativas enfocadas en el acompañamiento de niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
Otro de los nombres destacados es Gonzalo Ramírez, quien ya cuenta con experiencia parlamentaria y llegó a presidir la Asamblea Legislativa en períodos anteriores. A lo largo de su carrera política se ha identificado con posiciones conservadoras en temas vinculados a la familia, la vida y la libertad de conciencia.
La continuidad de estos referentes refleja la permanencia de un sector cristiano activo dentro de la política costarricense, que busca influir en debates relacionados con valores, educación, familia y políticas sociales.
La llegada de la nueva presidenta Laura Fernández también ha despertado expectativas respecto al papel que tendrán estos dirigentes en la gestión pública. Fernández ha manifestado públicamente sus convicciones religiosas y ha señalado que conformará su equipo de gobierno priorizando la capacidad profesional y la integridad de quienes ocupen cargos de responsabilidad.
Mientras se inicia una nueva etapa política en Costa Rica, la presencia de legisladores evangélicos confirma que este sector seguirá participando activamente en los espacios de toma de decisiones del país, representando a una parte significativa de la ciudadanía que comparte sus valores y convicciones.