En los últimos años la tasa de fertilidad a nivel mundial ha caído a niveles históricos y es una tendencia que continúa en declive. Este fenómeno se ha visto especialmente a partir de la década de 1970. Según datos de las Naciones Unidas (ONU), la tasa bruta de natalidad ha disminuido de 37,2 nacimientos por cada 1000 personas en el periodo de 1950- 1955 a 16,9 nacimientos entre 2020 y 2025. Con tantos avances científicos y tecnológicos que pueden garantizar mejores tratamientos antes, durante y posterior al parto, la población cada vez sufre un envejecimiento y el porcentaje de nacimientos es cada vez es menor a nivel global.

Según un análisis de Pew Research Center basado en datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sí comparamos el promedio de nacimientos por mujer tanto en Asia como en América Latina y el Caribe en 1950 era de 5,8 hijos por mujer; pero en 2025, fue de 2,2 y 1,8 hijos por persona respectivamente. En tanto en Europa, era de 2,6 hijos por mujer en 1950 mientras que en 2025 fue de 1,4.

¿Por qué se da esta tendencia?
Hay muchos factores que contribuyen al descenso, entre ellos podríamos citar al aumento de la edad de las madres. Los cambios económicos y en la estructura social han llevado a la participación de las mujeres en la fuerza laboral y esto ha modificado las prioridades y expectativas de las parejas. Por otra parte, en otros casos, también muchos priorizan la educación o carrera laboral posponiendo la maternidad que cada vez llega a edades más tardías.
En esta época también observamos que hay mayor acceso a métodos anticonceptivos, lo que ha permitido a las parejas controlar su fertilidad. Hoy, en la mayoría de los países, se promueven la utilización de una diversificada cantidad de métodos que previenen la concepción pero al mismo tiempo también se facilita el acceso a otros métodos que eliminan al ser que ya ha sido concebido siendo esto impulsado también por organizaciones internacionales que disfrazan el asesinato de inocentes como “defensa de los derechos reproductivos de las mujeres” utilizando palabras y frases como “interrupción del embarazo” para no utilizar palabras como “aborto” o “asesinato en el vientre”. Sumado a todo esto, la constante incertidumbre económica que atraviesan las sociedades, las crisis y la inestabilidad laboral han llevado a muchas parejas a posponer o incluso renunciar a la idea de tener hijos.
Como consecuencia, se observa un incremento del envejecimiento poblacional que traerá en muy poco tiempo una disminución significativa de la fuerza laboral que afectará a la economía y seguridad social. En un intento por cambiar la tendencia global, en varios países, principalmente de Europa, ya se ha comenzado a intentar promover la natalidad a través de estrategias innovadoras, como incentivos económicos, fiscales y sociales hasta medallas y subsidios a vehículos. Sin embargo, expertos en demografía han expresado que ningún país aún ha logrado encontrar una solución que se considere sostenible en el tiempo.
Solo por citar algunos ejemplos, en Corea del Sur, se ofrece un subsidio mensual de 750 dólares a los padres durante el primer año de vida del recién nacido. En Kazajistán, las madres de muchos hijos reciben medalla de plata por tener 6 hijos y de oro por alcanzar los 7 hijos. En Hungría, las mujeres que tienen cuatro o más hijos, están exentas de por vida del impuesto sobre el alquiler personal. Además, en ese mismo país, las familias con tres o más hijos, reciben subsidios para la compra de automóviles y deducciones a los préstamos de viviendas. A pesar de los esfuerzos y recursos destinados, Pew Research Center advierte que las políticas para revertir estas tendencias son limitadas y no brindan soluciones reales e inevitablemente el descenso demográfico continuará su curso.
Por Noelia Farias
