La administración del presidente Donald Trump anunció una profunda revisión de la participación de Estados Unidos en organismos internacionales, que derivará en el retiro del país de decenas de organizaciones multilaterales, incluidas varias agencias vinculadas a las Naciones Unidas y acuerdos internacionales sobre cambio climático.

La decisión fue formalizada mediante una orden ejecutiva firmada esta semana, que suspende el apoyo estadounidense a 66 organizaciones, agencias y comisiones internacionales. Según informó la Casa Blanca, la medida forma parte de un proceso más amplio de evaluación del financiamiento y la utilidad real de estos espacios para los intereses estratégicos de la nación.
Desde el Departamento de Estado señalaron que muchas de estas instituciones han demostrado ser ineficientes, redundantes o alejadas de los valores y prioridades del pueblo estadounidense. En un comunicado oficial, la cartera diplomática explicó que varios de estos organismos han sido “mal administrados, excesivamente costosos o capturados por agendas ideológicas que no reflejan los intereses nacionales ni respetan la soberanía de los Estados”.
La mayoría de las entidades afectadas están relacionadas con iniciativas climáticas, laborales y programas promovidos bajo enfoques ideológicos que la actual administración considera incompatibles con una visión centrada en la libertad, el crecimiento económico y la autodeterminación de las naciones.

Un cambio de enfoque en la cooperación internacional
Lejos de implicar un aislamiento total, el gobierno estadounidense sostiene que busca una cooperación internacional más selectiva, basada en resultados concretos y en la defensa clara de los intereses nacionales. Funcionarios de la administración remarcaron que Estados Unidos continuará participando en aquellos espacios donde su influencia sea clave para el equilibrio global y donde exista competencia estratégica con potencias como China, especialmente en áreas tecnológicas, comerciales y laborales.
Este giro marca una diferencia significativa respecto de administraciones anteriores, tanto republicanas como demócratas, que promovieron una participación más amplia en organismos multilaterales. El nuevo enfoque prioriza el uso responsable de los recursos públicos y el fortalecimiento de la posición estadounidense en foros que establecen normas internacionales relevantes.
La administración Trump ha insistido en que la protección del medio ambiente no debe imponerse en detrimento del empleo, la producción ni la soberanía energética, y que las soluciones deben surgir desde cada nación, respetando sus realidades económicas y sociales.
Asimismo, el retiro de la agencia de población de la ONU reavivó debates históricos en el ámbito político estadounidense, especialmente por las objeciones de sectores conservadores a programas que consideran contrarios a la defensa de la vida y la familia. Aunque revisiones previas no confirmaron ciertas acusaciones, la actual administración optó por aplicar el principio de cautela y coherencia con sus valores fundacionales.
Una redefinición del liderazgo global
Desde el gobierno subrayan que esta reorientación no significa renunciar al liderazgo internacional, sino ejercerlo con mayor claridad, firmeza y coherencia. “Estados Unidos seguirá liderando, pero lo hará desde la defensa de su soberanía, sus libertades y el bienestar de su pueblo”, señalaron fuentes oficiales.
La revisión de compromisos internacionales continuará en los próximos meses, mientras la administración evalúa nuevas formas de cooperación que respeten los valores democráticos, la responsabilidad fiscal y la independencia nacional.