Cristianos en Política

El daño que el feminismo radical causó en la sociedad y su contraposición: la mujer femenina no feminista

Lo que comenzó como la lucha de mujeres por la igualdad de derechos en el mundo, de a poco se ha ido tergiversando hasta desembocar en un feminismo radical en el cual un cada vez más amplio sector de mujeres no se siente identificada.

Si bien, a lo largo de los años, muchas mujeres han sido víctimas de abusos, y de tantas atrocidades, no se puede afirmar que todo hombre por el hecho de ser hombre va a ser un abusador o un golpeador. Estas afirmaciones y creencias instaladas por las corrientes feministas han llevado a tribunales a condenar sin pruebas a tantos hombres, quienes terminaron siendo víctimas, tanto ellos como sus familias. La condena social hacia quienes fueron acusados hizo lo suyo también. Había que creerle a la mujer solo por el hecho de ser mujer generando una suerte de Pedrito y el lobo, tanto mentía, que el día que dijo la verdad, nadie le creyó. Aquí las verdaderas víctimas son las que pagan los platos rotos, sea hombre o mujer.

En octubre de 2018, un joven de 18 años se suicidó en la provincia de Río Negro luego de que su amiga lo denunciara en redes por supuesto abuso sexual, si bien la joven luego reconoció la falsedad de sus afirmaciones, la viralización en redes, el escrache y el ciberacoso hacia él terminó con su drástica decisión de quitarse la vida.

Por su parte, la ley Integral contra la Violencia de Género 28/12/2004, si bien ayudó a muchas mujeres, generó una brecha de desigualdad entre hombres y mujeres y muchas de ellas se ampararon en la misma en los procesos de divorcio para así evitar la custodia compartida de sus hijos logrando apartar a los hijos de sus progenitores. Aunque de esto no se hable mucho en los medios masivos, no se puede negar que es una realidad.

Un claro ejemplo de este tema es el de Pablo Ghisoni, donde el hombre estuvo preso durante 3 años por una falsa denuncia de su ex pareja en la pelea por la custodia de sus dos hijos. La mujer había declarado que el hombre ejerció violencia contra sus hijos y manipuló a los mismos a afirmar esta declaración. La verdad salió a la luz cuando uno de sus hijos luego de varios años, finalmente rompió el silencio y contó la verdad. Un caso, donde el poder judicial, profesionales del derecho y de la salud mental terminaron siendo cómplices de la injusticia que sufrió Ghisoni.

Otro caso emblemático en esta materia fue el de Lucio Dupuy, un niño de 5 años que el 26 de noviembre de 2021 a las 21.45 falleció como consecuencia de golpes y abuso sexual recibidos por su progenitora, Magdalena Espósito Valenti y su pareja, Abigail Páez Frydlender, ambas activistas feministas y miembros del colectivo LGTB. La madre del niño en sus redes tenía su foto y la frase: “Nací para ser libre, no asesinada”, pero no decía nada de no asesinar a niños, y su hijo pagó las consecuencias. Y todo esto, porque la justicia había determinado que el niño permanezca con su madre y no con su padre. Si bien, posterior al asesinato del niño, ambas mujeres fueron condenadas por la justicia, nadie va a devolver el niño a ese padre que hasta el día de hoy sufre por su pérdida.

El feminismo radical se ha apropiado de la representación de todas las mujeres, pero ¿acaso alguien las eligió para tal representación? ¿cuándo se candidatearon a tal puesto y cuando fueron tales sufragios? ¿Cualquier mujer podía postularse para la representación?

Nunca hubo tal elección, sino que algunas mujeres se autonombraron representantes de todas las mujeres, alegándose la representación de todas las mujeres del mundo, pero silenciando e invisibilizando a aquellas que pensaban distinto. Si una mujer decidía formar una familia tradicional, ser ama de casa cuidando a sus hijos en el hogar mientras su esposo, hombre masculino, salía a trabajar, era una mujer que había que liberar de la opresión heteropatriarcal, pero ese mismo feminismo miró para otro lado ante el sufrimiento y la lucha de las niñas y mujeres en Irán. Según las estadísticas reflejadas en el medio televisivo “Iran Internacional”, en un periodo de tres meses en el año 2021, 9750 niñas de entre 10 y 14 años fueron obligadas a casarse con hombres mayores de edad, estadística que va en crecimiento. Ya siendo mayor a 14 años, las cifras son mucho más alarmantes, registrando a 54.500 adolescentes casadas oficialmente.  Hablamos de una una cultura donde la mujer es tratada peor que a los animales, y esto dicho por el propio ex ayatola muerto hace unos días, Alí Jamenei, quien ante medios televisivos había realizado afirmaciones extremadamente machistas.

¿Quién defiende a esas mujeres allí? ¿Esto nos lleva a preguntarnos, quien financia al feminismo y al colectivo LGTB? ¿No será que el propio gobierno iraní es uno de los que sostiene económicamente a estas revueltas feministas? ¿Sino como explicamos el silencio  del radicalismo feminista ante tantos hechos aberrantes, donde el gobierno iraní no le permite a las mujeres los mismos derechos que a los hombres?

El feminismo radical se ha infiltrado en cada organismo estatal de muchos países y en la educación infundiendo sus ideas a los niños desde temprana edad y brindando talleres de “nuevas masculinidades”, o sea, hay que pensar como ellas y avalar ese sistema de ideas, no hay otra opción. Los gobiernos alineados a estas ideologías realizan bajadas educativas con libros y contenidos para infundir estas ideas a los pequeños y los docentes no tienen derecho a oponerse o pensar diferente.

¿Esa tendencia a no depilarse, a teñirse los pelos de las axilas de colores, a no maquillarse impulsada por ciertos sectores feministas como “una forma de lucha contra las imposiciones patriarcales” realmente nos representan a todas?

En el “Día Internacional de la Mujer” muchas revalorizamos la lucha de las mujeres que se identifican como tales, que eligen la femineidad, que entienden que fueron creadas seres únicos, que comprenden que entre el hombre y la mujer no deben existir rivalidades, sino que podemos ser compañeros. Que los hombres no son enemigos, sino que son amigos, compañeros, hijos, padres, hermanos, esposos con tantos derechos como nosotras. Sí creemos en la lucha de las mujeres por la igualdad de derechos pero que no coincidimos con la denigración del hombre, sino sostenemos el trato igualitario de ambos sexos por el hecho de ser seres humanos. Consideramos que tanto hombres como mujeres somos importantes en la sociedad con características similares pero otras diferentes y eso nos hace únicos.

El feminismo radical no quiere que se le diga a la mujer “Feliz día”, porque según ellas no es un día para celebrar. Sin embargo, a la mujer femenina no feminista nos encanta que nos feliciten en este día, porque celebramos el hecho de ser mujeres, de vivir, de ser únicas y especiales. Así que hoy les decimos a todas ellas: ¡Feliz día de la mujer!

Por Noelia Farías