Cristianos en Política

El debate que surgió en redes sociales: ¿Brasil perdió por el avance de los evangélicos?

En Brasil se empezó a correr la idea en redes sociales, en las últimas horas, de que la selección perdió poderío futbolístico y se fue rápidamente del Mundial por el avance de los evangélicos en el país.

Hay una realidad: a lo largo de los últimos años, el crecimiento de la fe evangélica en Brasil y en América Latina en general viene en ascenso; en algunos países más que en otros. Si bien este avance a veces se materializa en una fe sin institucionalidad, el auge de lo que muchos llaman “protestantismo” influye inevitablemente en la cultura y en cómo las personas viven sus creencias y costumbres.

Sin embargo, hay quienes aprovechan este tipo de situaciones —como el fracaso de Brasil en la Copa del Mundo— para volcar su rechazo contra la fe cristiana, y contra la evangélica en particular.

A pesar de ello, la fe se sigue expandiendo y manifestando, incluso en medio del torneo futbolístico de mayor relevancia. Tal es así que en este Mundial, como en ningún otro, hemos visto a una gran cantidad de futbolistas expresar de manera frontal y sin miedo su fe cristiana, la mayoría de ellos de confesión evangélica. Se trata de jugadores que se juntaron a orar, aun siendo rivales en el campo de juego. Se han hecho virales los videos de los futbolistas de Curazao cantando y adorando a Dios, o los de los jugadores y el cuerpo técnico de Estados Unidos orando al finalizar cada partido; otros han celebrado levantando las manos al cielo o postrándose de rodillas ante los ojos del mundo. La lista de jugadores de fe cristiana es cuantiosa; veamos a algunos de los más conocidos:

Jérémy Doku (Bélgica), Neymar Jr., Alisson Becker (Brasil), Christian Pulisic (Estados Unidos), Bukayo Saka (Inglaterra), Cody Gakpo (Países Bajos), Endrick (Brasil), Moisés Caicedo y Piero Hincapié (Ecuador), Santiago Giménez (México), Bruno Guimarães (Brasil), Daniel Muñoz (Colombia) y Enzo Fernández (Argentina), entre tantos otros.

Frente a este inusual debate me surge la duda: ¿nadie se pregunta el porqué de esta explosión de cristianos en el mundo deportivo que no solo ocurre en Brasil? ¿Nadie ahonda en esta cuestión?

La fe es importante, y si está bien encaminada, mucho mejor. Celebro que cada vez más deportistas se animen a mostrarla sin temor. Estos gestos son valiosos: millones de jóvenes en todo el mundo ven que un jugador, con todo lo que ha logrado, reconoce que sin Dios no es nada. Sin embargo, para muchos estos actos no cuentan. Tal vez este fenómeno también se deba a la presión psicológica a la que se enfrentan cientos de atletas en la alta competencia. La fe sirve como un ancla, y es sumamente válida, ya que muchos de estos jugadores encontraron en Cristo algo más que una simple salvaguarda emocional.

Aun así, muchos analistas, periodistas y usuarios de X cuestionan el avance de la fe evangélica en el deporte y lo perciben como algo negativo.

Resulta extraño. Elvin Calcaño, por ejemplo, un politólogo y podcaster brasileño, argumenta erróneamente que los jugadores de su país antes tenían —a raíz del sincretismo con las religiones africanas— una alegría que hoy están perdiendo. Según su análisis publicado en un post, antes los futbolistas celebraban el jogo bonito, y hoy parece que esa esencia se ha esfumado.

Este argumento es falso. La genuina fe cristiana permite que las personas vivan su relación con Cristo con gran gozo en las victorias, y también a pesar de las circunstancias adversas. Esto no implica que el movimiento protestante en Brasil y América Latina esté exento de falencias, pero es malicioso querer atribuir un fracaso deportivo al crecimiento evangélico en el fútbol. Jugadores como Kaká (de confesión evangélica), por ejemplo, demostraron que se puede vivir el deporte con alegría y, al mismo tiempo, conseguir grandes resultados. Es injusto y poco ético culpar a una fe en particular cuando esta misma pondera el esfuerzo, la determinación y el rechazo al conformismo.

El politólogo argumenta que el evangélico acepta el resultado tal como se dio porque “es la voluntad de Dios” y no hay nada más que hacer. Este es otro argumento mal planteado. Una cosa es aceptar la situación y ser agradecido por lo que toca vivir hoy, pero eso no implica regocijarse en la derrota ni pensar “esto es lo que siempre nos va a tocar”. Considero que ese razonamiento no emerge en absoluto de la fe cristiana; ni en el catolicismo ni dentro del ambiente evangélico se considera válida semejante idea.

La Biblia enseña que debemos examinarnos, confesar nuestros errores y evaluar nuestra vida. La idea de que el cristiano no reconoce sus fallas y se escuda únicamente en el “es la voluntad de Dios” es equívoca.

De hecho, las Escrituras nos enseñan a tener disciplina, a forjar un buen carácter, a mostrar temple ante las adversidades y a volver a levantarnos cuando caemos. “Esfuérzate y sé valiente” es una de las declaraciones más fuertes y contundentes del texto sagrado. Es decir, los principios bíblicos apuntan a que una persona debe buscar la excelencia en todo lo que hace e ir siempre por más, sin conformarse nunca, pero buscando permanentemente a Dios y reconociéndolo en todos sus caminos.

En lugar de culpar a los evangélicos, habría que preguntarse si la dirigencia deportiva no está haciendo las cosas de forma incorrecta. La selección de Brasil tiene varios jugadores de fe evangélica, entre ellos Bruno Guimaraes, quien falló un penal decisivo contra Noruega. El mismo jugador reconoció su error en su cuenta de Instagram y prometió “volver más fuerte”. “Ahora es el momento de reflexionar, recuperar fuerzas con mi familia y volver aún más fuerte”. Entonces es erróneo decir que la influencia de la fe evangélica tiene un efecto negativo. Al contrario la fe cristiana es su per necesaria en estos ambientes, para sobreponerse a la derrota y la adversidad.

En vez de señalar a la fe evangélica es mejor buscar las explicaciones en aquellos que son los máximos dirigentes y responsables. Se supo, por ejemplo, que el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Samir Xaud, estuvo envuelto en un escándalo durante el Mundial. Una investigación reveló que utilizó recursos de la entidad para costear los traslados y el alojamiento de su amante, la empresaria Camila Cristina Andrade, en un hotel de cinco estrellas en Nueva York. Si el máximo directivo de la CBF —una de las instituciones de uno de los países más importantes a nivel futbolístico— está envuelto en este tipo de casos, ¿qué se puede esperar de los de abajo?

También valdría la pena cuestionarse si un país como Brasil necesitaba contratar a un director técnico extranjero, teniendo entrenadores locales de altísimo nivel. ¿Acaso la Federación Brasileña solo buscaba quedar bien, salvar su pellejo y evadir la responsabilidad de las derrotas? Lejos de señalar a una fe en particular, tal vez va siendo hora de hacer una introspección y preguntarse qué está pasando realmente en la alta dirigencia del país.

El jugador brasileño no perdió la alegría ni el talento por culpa de su fe. Muy por el contrario, se volverá a levantar por causa de su fe. Tal vez solo falten dirigentes que reconozcan la importancia de la fe en Cristo y que ellos mismos la puedan vivir y corregir lo que se viene haciendo mal. Quizás, de esa forma, Brasil vuelva a ser lo que siempre fue: una potencia futbolística. Eso es, al menos, lo que esperamos todos aquellos que apreciamos el buen fútbol.

Omar Sarmiento