La respuesta corta es sí, pero no como la del siglo XX. El sistema internacional actual muestra una competencia estructural entre Estados Unidos y China, donde la confrontación directa se evita, pero la disputa se desplaza a múltiples dominios: tecnología, economía, espacio y conflictos indirectos.
Dos marcos ayudan a entender este momento:
– Desde la lógica de Henry Kissinger el conflicto es gestionable. Hay margen para el equilibrio, la diplomacia y la coexistencia estratégica.
– Desde la visión de John Mearsheimer la competencia es inevitable. El ascenso de China y la reacción de EE.UU. empujan al sistema hacia una confrontación estructural.
La realidad parece moverse entre ambas. Los puntos de tensión ya están definidos:
• Taiwán: posible detonante de conflicto directo
• Ucrania: escenario de desgaste indirecto
• Medio Oriente: reconfiguración energética y geopolítica.
Pero el verdadero campo de batalla no es territorial, es tecnológico. Semiconductores, inteligencia artificial, infraestructura digital y control del espacio están redefiniendo el poder global. Quien domine estas áreas no solo lidera la economía, sino también la capacidad militar y de influencia. No estamos ante una bipolaridad rígida, sino frente a una multipolaridad competitiva, donde actores intermedios juegan su propio juego y el “Sur Global” gana margen de maniobra.
Dos posturas frente a este tema: Henry Kissinger vs John Mearsheimer
1. Lectura tipo Kissinger (realismo clásico – equilibrio de poder)
Supuesto central: el sistema tiende al equilibrio, no al conflicto total. La competencia entre Estados Unidos y China es estructural pero gestionable. La prioridad de este punto de vista es evitar el conflicto directo mediante:
–Diplomacia estratégica
–Esferas de influencia tácitas
–Riesgo principal: errores de cálculo, no voluntad de guerra.
Diagnóstico: “Nueva Guerra Fría imperfecta”, con margen de estabilización.
En el ámbito cotidiano, ¿Cómo se puede ver esto aplicado?
– Ventana para acuerdos parciales (IA, comercio, seguridad)
– Rol clave de potencias intermedias como amortiguadores.
.
2. Lectura tipo Mearsheimer (realismo ofensivo)
Supuesto central: las potencias buscan maximizar poder, por lo tanto, el conflicto es inevitable.
China intentará dominar Asia, EE.UU. intentará impedirlo. El resultado estructural es la Trampa de Tucídides (ascenso vs hegemon). No importa la intención, lo que importa es la capacidad. La cooperación es táctica, no estratégica.
Bajo esta mirada el diagnóstico es una “Guerra fría” en transición hacia posible conflicto caliente.
¿Cómo se ve aplicado esto?
– Escalada progresiva
– Militarización de todos los dominios (mar, espacio, ciber).

La conclusión es que el sistema actual oscila entre ambos modelos:
Corto plazo: lógica Kissinger
Largo plazo: dinámica Mearsheimer
Vivimos una Guerra Fría 2.0: menos ideológica, más sistémica; menos visible, pero más profunda. Una competencia que no busca necesariamente la guerra, pero tampoco puede descartarla. El orden internacional no está colapsando. Está mutando.
Lic. Emmanuel Napolitano
