Cristianos en Política

La disputa por Malvinas y el poder británico que opera en distintos frentes

En los últimos días, una iniciativa de formación de jóvenes dirigentes en Argentina generó cuestionamientos por su vinculación con instituciones británicas. El episodio volvió a poner sobre la mesa una cuestión mucho más amplia:

¿De qué manera los británicos pueden construir influencia sobre Argentina más allá de su capacidad militar o económica?

En el caso del Reino Unido, esta pregunta adquiere una relevancia particular por la disputa de soberanía que mantiene con Argentina por las Islas Malvinas. Mientras Londres sostiene su presencia militar y administra los recursos del territorio, también desarrolla desde hace décadas vínculos con universidades, instituciones, profesionales y futuros “dirigentes argentinos”.

A esta capacidad de generar relaciones, prestigio, cooperación e influencia se la conoce como soft power (poder blando). El siguiente análisis busca explicar cómo estas diferentes dimensiones —diplomática, institucional, económica, militar y cultural— pueden relacionarse dentro de una estrategia de largo plazo en el Atlántico Sur.


Soft power, capilaridad y consolidación estratégica en el Atlántico Sur

La controversia por el Future Leaders Programme Argentina abrió una discusión que excede ampliamente a esa iniciativa. El programa, presentado por Fundación Argentina Global con apoyo de Chevening Argentina de la Embajada británica, buscaba formar jóvenes dirigentes mediante talleres, visitas institucionales e intercambios sobre política exterior y asuntos públicos. El episodio adquirió sensibilidad por la vinculación institucional publicada de Paola Di Chiaro, secretaria de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur, con la fundación organizadora. Este atículo es una sinopsis del informe completo llamado ·“Londres, después de las armas”.

La documentación disponible no permite afirmar qué participación tuvo Di Chiaro en el diseño o administración del programa. Tampoco corresponde convertir una beca, una recepción diplomática o una relación académica en prueba automática de subordinación. El verdadero problema es estructural: ¿qué capacidad acumula una potencia cuando construye durante décadas relaciones con profesionales que posteriormente pueden ocupar posiciones de decisión dentro de otro Estado?

Reino Unido denomina soft power a una parte de esa capacidad. El Gobierno británico distinguió al director del British Council para Argentina y Chile por sus servicios al “UK Soft Power”. Chevening, por su parte, es presentado oficialmente como un programa destinado a formar futuros líderes, decisores y formadores de opinión. Sus informes destacan el valor diplomático de una comunidad mundial de graduados considerados amigos y aliados de Reino Unido.

El mecanismo no necesita producir obediencia para adquirir utilidad estratégica. Las becas generan experiencia, prestigio y familiaridad; las comunidades de exbecarios sostienen contactos; la relación facilita interlocución; y la interlocución crea influencia potencial. Eso no demuestra que un graduado represente intereses británicos ni que Reino Unido controle sus decisiones. Demuestra que Londres invierte de manera sistemática en relaciones capaces de sobrevivir al paso del tiempo.

Chevening funciona en Argentina desde 1991. Para 2018, la Embajada informaba que más de 510 argentinos habían sido seleccionados y que sus graduados actuaban en el Estado, empresas, universidades, organizaciones sociales y medios. La red también contó con representantes provinciales. Su importancia no reside en cada trayectoria individual, sino en la dispersión acumulada de vínculos entre sectores, instituciones y generaciones.

La Embajada británica constituye el nodo más visible de esa arquitectura. Sus actividades reúnen actores del Poder Ejecutivo, el Congreso, la Justicia, la diplomacia, las empresas, las universidades, el periodismo, la ciencia, la cultura y la sociedad civil. Esa amplitud alcanza también a las Fuerzas Armadas. Cuatro décadas después de la guerra, Londres conserva capacidad de interlocución con organizaciones argentinas responsables de la defensa mientras mantiene una estructura militar en el territorio disputado.

La capilaridad adquiere valor porque las instituciones argentinas no cambian al mismo tiempo. Los gobiernos alternan; el Congreso se renueva parcialmente; la Justicia posee otros ritmos; la diplomacia profesional atraviesa administraciones; las universidades forman generaciones; y empresas, medios y organizaciones pueden sobrevivir a distintos ciclos políticos. Una red distribuida conserva acceso aun cuando cambia la orientación del Poder Ejecutivo.

Las Declaraciones de Madrid permitieron reconstruir las relaciones después de la guerra preservando formalmente las posiciones de soberanía. Pero la normalización se desarrolló dentro de una asimetría fundamental: Argentina necesita modificar el statu quo; Reino Unido necesita conservarlo. El comunicado Foradori-Duncan de 2016 mostró la profundidad posible de esa relación al incluir diálogo estratégico, vínculos parlamentarios y provinciales, cooperación científica, educación, Chevening, British Council, Antártida y relaciones entre las Fuerzas Armadas.

La capilaridad británica dentro de Argentina no reemplaza el poder material desplegado en el Atlántico Sur. Convive con él. La administración isleña concede licencias pesqueras, regula capturas y recauda ingresos que sostienen servicios, infraestructura y capacidad institucional. Para el ejercicio 2024/25 estimó ingresos públicos cercanos a 126 millones de libras, de los cuales 37 millones correspondían a licencias pesqueras. Licenciar también es gobernar: la autoridad concede permisos, los permisos generan renta y la renta fortalece a la autoridad.

El proyecto Sea Lion agrega otra dimensión. La decisión final de inversión adoptada en 2025 activó financiación, contratos, servicios de perforación e infraestructura petrolera. El proyecto no modifica el título jurídico ni resuelve la controversia de soberanía, pero puede elevar el costo práctico de alterar la situación. Cada contrato incorpora empresas y financiadores; cada instalación agrega permanencia; cada inversión vuelve más denso el statu quo.

Chevening no produce Sea Lion. El British Council no concede licencias petroleras y una recepción diplomática no determina la política argentina. La conexión es indirecta: mientras Reino Unido conserva relaciones, acceso y cooperación dentro del país que reclama las islas, la consolidación material puede avanzar por otro carril. El soft power puede contribuir a que Malvinas no reorganice permanentemente las demás dimensiones de la relación bilateral.

Existe también un campo cognitivo. Reino Unido presenta el conflicto como una cuestión de autodeterminación de los habitantes de las islas. Argentina lo define como una disputa de soberanía y descolonización en la cual ese principio no puede utilizarse para legitimar las consecuencias de una ocupación colonial. La circulación de interpretaciones compatibles con el marco británico no demuestra influencia extranjera: las ideas pueden surgir de convicciones genuinas. Sin embargo, esa circulación beneficia objetivamente una narrativa que desplaza la controversia desde la soberanía hacia las preferencias de la población isleña.

El poder británico alrededor de Malvinas puede analizarse entonces en tres dimensiones.

1-La material: comprende presencia militar, administración, pesca, petróleo e infraestructura.

2-La relacional : incluye becas, cultura, diplomacia, universidades, redes profesionales y acceso institucional.

3-La cognitiva : opera mediante lenguaje, legitimidad y fronteras de lo pensable.

Ninguna actúa mecánicamente ni prueba una conducción centralizada, pero sus efectos pueden converger.

La respuesta argentina no debería consistir en perseguir becarios, cerrar universidades o transformar todo contacto diplomático en sospecha. Necesita construir simetría estratégica: transparencia, declaraciones de intereses, incompatibilidades claras, protección de áreas sensibles y políticas propias de formación, conocimiento y redes. También requiere una capacidad permanente de análisis interministerial que reúna diplomacia, defensa, economía, educación y ciencia.

Future Leaders importa porque vuelve visible, mediante una iniciativa relativamente pequeña, una lógica de largo plazo. Londres considera estratégico relacionarse hoy con quienes podrían decidir mañana, mientras administra el territorio, explota recursos y agrega infraestructura. El poder blando no sustituyó a las armas ni al control territorial. Se incorporó a una arquitectura más amplia.

Argentina necesita comprender esa combinación sin paranoia, pero también sin ingenuidad. Las potencias no improvisan sus relaciones cuando llega una crisis: las construyen antes. Tampoco esperan pasivamente que transcurra el tiempo. Procuran que el tiempo trabaje a su favor.