Hace algunos años, encontrar una referencia a Jesús en una cancha no era algo común.
Una vincha con un mensaje de fe, una camiseta con un versículo debajo del uniforme o una dedicatoria a Dios después de un gol eran escenas esporádicas que llamaban la atención precisamente porque eran poco frecuentes.
Hoy, el panorama parece diferente. En distintos clubes, selecciones y competiciones internacionales, cada vez más jugadores expresan abiertamente su fe. Lo hacen en entrevistas, en redes sociales, durante una celebración o, simplemente, hablando con naturalidad acerca de lo que creen.

Mucho más que un deporte
No es casual que esta expresión pública de la fe se haga especialmente visible en el fútbol.
Para millones de personas, especialmente niños y jóvenes, quienes saltan al campo de juego son mucho más que deportistas. Sus palabras, decisiones y actitudes suelen tener una influencia que va mucho más allá de los noventa minutos de un partido.
Por eso llama la atención ver que, además de hablar de goles, campeonatos y rendimiento deportivo, muchos también hablan de Dios. Aunque estas expresiones pueden encontrarse en otras disciplinas, es en el fútbol donde hoy parecen hacerse especialmente visibles.
Una fe que también se vio en el escenario mundial
Los últimos grandes torneos internacionales dejaron varios ejemplos de esta realidad.
Lionel Messi, considerado por muchos como uno de los mejores futbolistas de la historia, ha expresado en distintas entrevistas que ve su talento como un regalo de Dios y le agradece por todo lo vivido a lo largo de su carrera.
Durante una competencia internacional, el alemán Félix Nmecha llamó la atención al dedicar uno de sus goles a Dios. Tras convertir, se arrodilló, realizó un gesto relacionado con una corona y señaló al cielo, una imagen que rápidamente recorrió las redes sociales y los medios deportivos.
Otro caso destacado fue el de la selección de Curazao. Antes de disputar una importante competencia internacional, varios de sus integrantes participaron en encuentros de oración y adoración. Días después, tras sufrir una dura derrota por 7 a 1 frente a Alemania, se reunieron en el campo de juego para orar junto a jugadores alemanes. En lugar de ocultar sus convicciones en medio de un resultado adverso, decidieron expresar públicamente su confianza en Jesús.
Más allá de la victoria
Quizás eso sea lo que más llama la atención. Muchos no hablan de Dios solamente cuando ganan. También lo hacen cuando atraviesan lesiones, derrotas o momentos de incertidumbre.
No presentan a Jesús como una fórmula para alcanzar el éxito, sino como el fundamento sobre el cual construyen su vida. En una cultura donde el valor de una persona suele medirse por sus logros, resulta llamativo escuchar a figuras admiradas por millones reconocer que hay algo más importante que levantar una copa o alcanzar la gloria deportiva.
La imagen de los jugadores de Curazao orando después de una derrota resume bien esta realidad. Es fácil agradecer cuando todo sale bien. Lo verdaderamente llamativo es mantener la misma convicción cuando el resultado no acompaña.
Una historia que sigue escribiéndose
El mensaje de Jesús no está limitado a templos, ciudades o culturas determinadas. También llega a lugares donde millones de personas ponen su atención cada semana. El fútbol mueve multitudes, despierta pasiones e inspira generaciones. Y, en medio de ese escenario, cada vez más personas deciden hablar de su fe sin avergonzarse.
Tal vez lo más llamativo no sea ver a alguien agradecer a Dios después de un gol o de un campeonato. Lo verdaderamente llamativo es que muchos también lo hagan cuando pierden, cuando son criticados o cuando podrían elegir guardar silencio.
Mientras el mundo observa goles, trofeos y estadísticas, cada vez más deportistas utilizan esa misma plataforma para hablar de Jesús. Y quizás allí esté una de las imágenes más significativas de nuestro tiempo: en un ambiente donde muchos sueñan con recibir la gloria, algunos siguen eligiendo señalar hacia Dios.
Jacqueline Delía