Hoy, 25 de marzo, se conmemora en Argentina y en otros países de la región el Día del Niño por Nacer. Luego de aquel fatídico 30 de diciembre del 2020, en el que se aprobó la Ley IVE (27.610) —mal llamada de Interrupción Voluntaria del Embarazo—, el actual gobierno había prometido en campaña que esta siniestra ley iba a ser derogada. Eso, hasta el momento, no ha sucedido.
Sabemos que la ley en el 2020 fue aprobada mediante negociaciones y acuerdos turbios y que gran parte de la sociedad, en realidad, está en contra de este genocidio legalizado. Porque lo legal no necesariamente es legítimo. Un gran porcentaje de la población adhiere a la idea de que el aborto es un crimen y que no puede ser avalado por el Estado.
Pero la Ley 27.610 sigue cobrándose vidas a manos de un Estado que todavía sigue avalando la muerte en el vientre materno. Es cierto que se le ha quitado financiación a las políticas abortistas, pero eso no es suficiente. Porque la moral tiene que ser de verdad una política de Estado, no solo un enunciado. El presidente Javier Milei se ha declarado en muchas ocasiones provida y ha manifestado su rechazo a la aprobación de esa ley siniestra pero todavía no estamos viendo acciones políticas concretas en relación a eso.
Los niños por nacer no pueden esperar; ellos no tienen la culpa de nuestras malas acciones ni de nuestros cálculos políticos. Se decía que desde el Gobierno no se quería avanzar con la derogación de esta ley porque no se tenía mayoría parlamentaria. En otras palabras, no se podía hacer atravesar la modificación de una ley por el Congreso cuando la mayoría de los legisladores no responden a las iniciativas del oficialismo.
Sin embargo, en las últimas elecciones legislativas, el espacio de Milei consiguió un buen triunfo, con una gran cantidad de diputados y senadores electos, lo que le permite tener un respaldo importante para que puedan avanzar las reformas que proponen. Sin embargo, aun cuando algunos funcionarios dejaron entrever que se podía llegar a avanzar en esa dirección, no hubo ningún gesto concreto de parte del presidente. ¿Se va a derogar la ley del aborto en Argentina? ¿Si o no?
Aquellos que apoyan al gobierno —como militantes, activistas, asesores o funcionarios— no pueden cuánto menos dejar de hacer presión al Ejecutivo, porque las promesas no se dejan inconclusas: se cumplen. No podemos ser cómplices de esta barbarie; el Estado no puede seguir legitimando y financiando la muerte de miles de niños inocentes. No queramos nosotros tener las manos manchadas de sangre inocente. Esos niños no lo merecen; los más indefensos no tienen la culpa.
Quiera Dios que el presidente reflexione. Sin cálculos ni estrategias políticas, los más indefensos no pueden esperar a que se resuelva la “macro”; ellos necesitan vivir y que el Estado no avale nunca más el genocidio del aborto. ¿Instalar nuevamente el aborto como debate en la sociedad puede traer inconvenientes? No lo creo; en todo caso, es traer nuevamente a escena la idea de libertad, una de las más importantes: la del derecho a nacer.
Luego se conseguirá, en el plano legislativo, el apoyo necesario para que esa ley sea desterrada para siempre de nuestra nación. Porque se supone que el Congreso representa a las mayorías, y todos sabemos que la mayoría rechaza dicha ley.
Estimado presidente, es menester atender cuanto antes esta situación; tenga la determinación de arremeter contra esta ley de muerte que se sigue cobrando vidas. Si el Gobierno en verdad practica la moral como política de Estado, esta ley tiene que derogarse cuanto antes. Esperemos que así sea y Dios, de esa manera, envíe bendición a nuestra nación.
Omar Sarmiento
