Cristianos en Política

Messi, el mundial y el progresismo

Lo que dejó el Mundial: Una inmensa alegría que disfrutamos casi todos y una enorme tristeza final que alegró a esos “casi”.

Sucede que el campeonato de Infantino fue, otra vez, una enorme lupa que nos permitió ver con toda claridad las verdaderas identidades políticas.

Algunos, esos “casi”, no supieron separar su fanatismo progre, sostenido en la ignorancia, pero propagado en un país que les da la libertad de hablar… estupideces. Usaron la Copa del Mundo para intentar poner en la mira a jugadores de fútbol cuya misión es jugar y, si es posible, ganar. Hemos escuchado las más inverosímiles declaraciones denostando a Messi, a la selección nacional y a su técnico bajo las acusaciones de gorilas, vende patrias e insensibles, etc., buscando ensuciar la alegría popular que nos provoca el fútbol.

Es que el progre, autocreído periodista o analista político, odia lo que Messi ha intentado representar desde su lugar en el fútbol.

Odian a la familia. Creen que se puede formar una con cualquiera que quiera unirse en nombre del amor, escondiendo la realidad biológica y la cultura occidental. Messi no se cansa de hablar de sus hijos, de su esposa, de sus padres y del tremendo valor que él le adjudica a su entorno más íntimo.

Odian a los ricos. No importa que tengan sus fortunas como resultado del esfuerzo y el sacrificio. Obviamente, Messi es dueño de varios millones de dólares como producto de su juego y de su sabiduría para las inversiones. Para ellos, tener dinero en el banco es ser un opresor, un canalla. Una cuenta en el banco te transforma en un gorila de forma automática.

Odian que Messi no fume habanos, no sea amigo del liderazgo zurdo ni tenga representantes que se aprovechen de su fortuna y lo induzcan a las drogas y a la pedofilia. La moralidad del mejor jugador del mundo los enferma.

Odian a Messi porque su popularidad lo ha llevado a conocer, en actos protocolares, a líderes mundiales que gobiernan desde posiciones opuestas al progresismo y, para colmo, les va bien. Se enfurecen porque le da la mano y le sonríe al presidente más poderoso del mundo. Ellos creen que ese simple gesto de educación representa algún acuerdo político en favor del mercado opresor de los pobres. Creo que ellos preferirían que Leo estuviera vestido con ropa militar, bailando drogado al ritmo de alguna canción caribeña, sosteniendo la bandera de un pueblo castigado por tiranos.

Estos bocas grandes progres, micrófono en mano, pasaron todo el Mundial buscando la forma de bajarle el precio al mes más apasionado del país. Para eso, apuntaron contra Messi, Scaloni y todo otro jugador que no piensa ni actúa como ellos.

Obviamente, amigo lector, la gran frutilla del postre fue la manipulada e intencionada falsa noticia acerca de la muerte del padre de Messi. Todo argentino pensante se dio cuenta del nivel de maldad y odio hacia lo que el jugador representa. Fue la bala dorada más certera, pensada para aniquilar. Sin embargo, casi todo el país formó una barrera que protegió al ídolo e impidió que el tiro fuera eficaz. Falló la falsa periodista. Falló el progresismo, asesino de valores y de la moral, al intentar matar a un joven que, con su vida, ha levantado una bandera de luz que muchos hoy admiramos.

Es que el progresismo es eso. Es la expresión política y cultural más nefasta que existe hoy. Ni los comunistas se animaron a tanto. Han anulado su capacidad de pensar y reflexionar, sustituyéndola por el fanatismo, que no es ni más ni menos que un cerebro cerrado a la razón y sostenido por una idea imposible de defender.

Como determinados sectores políticos ignoran los datos, inventan relatos. Son nubes sin agua. Se presentan amenazantes en el horizonte, pero cuando querés discutir una idea no encontrás nada del otro lado. Solo fanatismo, un versito aprendido, una conducta imitada y una violencia asumida como único instrumento de discusión.

La consigna de estos “casi” es destruir todo lo que no los represente. Todo. Y si tienen que destruir al mejor jugador del mundo, no importa que sea argentino o que juegue a favor del país: hay que eliminarlo igual. Es un enemigo del pueblo; no merece vivir.

La derrota ante España les viene como anillo al dedo. La sonrisa y los ojos brillantes de alegría son el resultado de una venganza victoriosa. “Messi perdió el Mundial, no es el mejor, falló, no merece tanta admiración”, serán sus mensajes a partir del lunes.

Difícil la tienen los sectores ideologizados, que no pudieron vencer el ímpetu del río que originó la selección y volaron a Estados Unidos, ese país que también odian, para ver el partido final. De pronto, nació en ellos un sentimiento que no pudieron detener y viajaron. Se soltaron de las cadenas de protesta en Plaza Congreso y se tomaron un Uber hacia Ezeiza. Me alegró ver cómo la gente los identificó y los castigó por su hipocresía y doble discurso.

¿Se dan cuenta de que no pueden andar por la calle con tranquilidad? Es tan alto el nivel de desprecio y odio que han generado hacia aquello que el ciudadano argentino común ama y valora, que no pueden ni siquiera, disfrazados con camisetas celestes y blancas, engañar a los hinchas. Ellos no son la barra que hace el aguante; son los camuflados que pretenden aprovechar el momento y demuestran que su amor por el país yanqui y sus lujos es más fuerte que su ideología.

Son mentirosos, y el Mundial de Messi los expuso otra vez.

Los argentinos comunes vivimos un Mundial con el corazón en la mano y amamos a Messi por lo que provocó en los siete partidos que ganó nuestra selección. Nos hubiera gustado ser bicampeones, pero bueno, es fútbol. No siempre se puede ganar. Sin dudas, tenemos millones de gracias para darle a Leo y a su equipo. Inolvidable lo que vimos y lo que sentimos estos días.

Los sectores ideologizados vivieron un Mundial demostrando lo poco que aman al país y la falta de inteligencia para separar el deporte de la política. Eligieron medir a Messi con otros ojos: los de la envidia y el resentimiento.

¿Lo bueno de todo esto?

Que este campeonato los expuso aún más. Levantaron más la voz del desprecio y más gente los escuchó. Inventaron mentiras más grandes y la gente no les creyó.

El Mundial sirvió para dar un paso con más convicción en las decisiones importantes de 2027.

Las ideas políticas del progresismo no volverán a gobernar.



Dr. Marcelo Diaz