Texas ha alcanzado un acuerdo con el Texas Children’s Hospital que obligará al centro a abrir una clínica especializada en atender a personas que quieran revertir o interrumpir tratamientos relacionados con la transición de género. El servicio deberá estar operativo antes de finales de octubre de 2026 y ofrecerá atención gratuita durante cinco años.
El acuerdo, alcanzado con la Fiscalía General de Texas, contempla también el pago de 10 millones de dólares por parte del hospital para resolver las reclamaciones relacionadas con la facturación a Medicaid de determinados tratamientos. Aproximadamente 8,57 millones de dólares serán destinados al Estado.
La creación de la clínica forma parte de un acuerdo alcanzado después de una investigación de varios años sobre el Texas Children’s Hospital. El pacto establece además que varios médicos vinculados a estos tratamientos perderán permanentemente sus privilegios hospitalarios y obliga al centro a modificar sus protocolos internos.
La política de Texas frente a la transición de menores.
La medida se enmarca en la política adoptada por Texas en los últimos años respecto a los tratamientos de transición de género en menores. En 2023 entró en vigor una legislación que restringe el acceso de los menores a determinados procedimientos, entre ellos los bloqueadores de la pubertad, los tratamientos hormonales y determinadas intervenciones quirúrgicas.
El fiscal general de Texas, Ken Paxton, ha defendido el acuerdo como una medida destinada a proteger a los menores y a poner fin a prácticas que, según las autoridades estatales, contravenían la legislación de Texas. Los defensores de los tratamientos de afirmación de género han cuestionado estas restricciones y consideran que las decisiones sobre atención médica deben permanecer en manos de los pacientes, sus familias y los profesionales sanitarios.
La detransición entra en el debate.
Uno de los elementos más relevantes del acuerdo es precisamente la atención a quienes, después de haber iniciado un proceso de transición, desean interrumpirlo o revertirlo. La nueva clínica proporcionará asistencia a estas personas y deberá promocionar públicamente sus servicios.
La denominada ‘detransición’ ha adquirido una presencia creciente en el debate estadounidense, aunque sigue siendo una cuestión controvertida. Quienes defienden una mayor regulación de estos tratamientos consideran que las experiencias de arrepentimiento o de deseo de revertir una transición han recibido una atención insuficiente, especialmente cuando se trata de menores. Sus detractores cuestionan que estos casos puedan utilizarse para poner en duda la atención de afirmación de género en su conjunto.
El acuerdo con el Texas Children’s Hospital refuerza así la posición de Texas frente a los tratamientos de transición en menores y añade un nuevo elemento al debate nacional. Mientras el conflicto político y jurídico continúa entre los estados que han impuesto restricciones y aquellos que mantienen un mayor acceso a estos tratamientos, Texas ha optado por combinar la limitación de determinadas intervenciones con la creación de un servicio específico para quienes quieran revertirlas.
Una cuestión que también interpela a los cristianos.
Para los cristianos, este debate plantea además una responsabilidad que va más allá de las trincheras políticas. Defender la dignidad de una persona no exige aceptar todas las ideas que esa persona tenga sobre sí misma, del mismo modo que defender la verdad no nos autoriza a tratar con desprecio a quien piensa diferente. Cuando hablamos de menores, la responsabilidad es todavía mayor: protegerlos implica acompañarlos con amor, pero también tener la libertad de cuestionar decisiones que puedan marcar su cuerpo y su futuro de manera permanente.
En una cultura que a menudo presenta la afirmación inmediata como la respuesta más compasiva, quizá el verdadero acto de amor sea también saber esperar, escuchar, discernir y poner límites cuando sea necesario. Para el cristiano, la compasión y la verdad no son enemigas. Ambas forman parte de una misma responsabilidad: cuidar al que todavía está creciendo sin perder de vista que cada vida humana posee una dignidad que no depende de cómo se identifique, de lo que sienta en un momento determinado ni de las presiones de la cultura que le rodea.
Katherine Vallejos.
