
Imaginá abrir Instagram y encontrarte con una foto de Messi orando en una iglesia cristiana. O un video de Shakira participando de un culto, levantando las manos y cantando. No es un filtro, no es un montaje amateur… y se ve tan real que te hace dudar. ¿Se convirtieron? ¿Pasó algo? ¿Te lo perdiste?
Eso mismo les pasó a miles de personas en América Latina. Las imágenes explotaron en redes, generando sorpresa, confusión y debates interminables. Pero la verdad salió a la luz: nada de eso ocurrió realmente. Todo fue creado con inteligencia artificial.
La primera en encender la mecha fue la Iglesia Kayros, en Bogotá, que viralizó una imagen hiperrealista de Messi en plena oración. En minutos, la publicación estalló. Algunos celebraban, otros sospechaban… y finalmente se supo que era una campaña promocional para invitar a los cultos dominicales. A partir de ahí, la tendencia tomó vuelo. En Instagram y TikTok comenzaron a circular imágenes y videos de Shakira y otras celebridades participando de actividades cristianas, utilizados en flyers, anuncios y celebraciones especiales.
La jugada es clara: usar íconos pop para captar la atención de jóvenes y adultos, conectar con lo que consume la audiencia y despertar curiosidad por el mensaje cristiano. Y sí, funcionó. Pero también abrió un debate necesario.
Muchos cristianos celebraron la creatividad. Otros señalaron que, si no se avisa que es IA, se corre el riesgo de engañar a la gente y debilitar la confianza en el mensaje. Incluso aparecieron advertencias legales sobre el uso no autorizado de la imagen de celebridades para fines religiosos.
Aun así, líderes y expertos reconocen que la IA es hoy una herramienta poderosa para crear arte, videos, ilustraciones bíblicas y contenidos que ayuden a las iglesias a comunicar de forma más visual, más dinámica y más cercana a las nuevas generaciones. El desafío es mantener la ética y la transparencia.
El Dr. James A. Bradford, referente de las Asambleas de Dios, lo resume así: “La IA puede potenciar la creatividad y el alcance evangelístico, pero jamás debe reemplazar la Palabra de Dios ni la acción del Espíritu Santo”. Es decir: servir sí, sustituir nunca.
Vivimos en un tiempo donde lo que impacta primero son las imágenes, no las palabras. Pero la fe no se sostiene en efectos visuales: se sostiene en la verdad. La tecnología puede atraer likes, reacciones y visitas… pero solo Dios puede transformar corazones. Por eso, la clave no es dejar de innovar, sino hacerlo con transparencia y propósito.
La Biblia nos recuerda:
“Porque nada hay encubierto que no haya de ser manifestado.” – Lucas 8:17
Que cada recurso digital que usemos sea una puerta y no una trampa. Una oportunidad para mostrar luz, no confusión. Porque al final, lo más viral debería ser siempre la verdad.