Obviamente, sabemos que la vida continuará en Argentina después del Mundial. Después de festejar la cuarta Copa… (esto se llama fe futbolera en estado puro), nos daremos cuenta de que en 2027 habrá elecciones presidenciales y que la política volverá a ser parte de la conversación diaria de cada uno de nosotros. Para algunos, una buena comida; para otros, no tanto.
En cada reunión política a la que asisto me encuentro con cristianos. También veo en las redes sociales una intensa actividad de evangélicos que participan y aspiran a crecer en este campo misionero. Es una bendición ver el despertar de una conciencia participativa en estos tiempos.

Algunos consejos:
1. Tené la mayor certeza posible de que tenés un llamado de Dios al campo político.
En tiempos difíciles, ese llamado será la raíz profunda que te sostendrá cuando lleguen las pruebas.
2. Aprendé el idioma y la cultura propia de la política.
Existen códigos, formas, estructuras y costumbres que es necesario conocer. Es como irse a otro país como misionero: no podés ser efectivo sin aprender cómo funciona el lugar.
3. Definí cuál es el espacio dentro de la política donde Dios quiere que estés.
El Poder Legislativo, el Judicial o el Ejecutivo tienen dinámicas, responsabilidades y exigencias muy diferentes entre sí.
4. ¿En qué partido militar?
No es una pregunta sencilla de responder. Mi opinión es que cada uno debe estar donde perciba que Dios lo está colocando. Y, por supuesto, estar dispuesto a pagar el precio que eso implique.
Ya lo dije muchas veces: el partido perfecto y el líder político perfecto no existen. Sin embargo, sí existen actores e ideologías que representan en mayor medida nuestros valores y convicciones más profundas. Eso puede ser una buena guía para saber dónde ubicarse.
5. Honestidad a toda prueba.
Debés darles a las personas el derecho de opinar de manera diferente a tus ideas y acciones. Pero jamás deberían encontrar un argumento verdadero que ponga en duda tu transparencia. Mucho cuidado con esto.
6. Hay políticos de carrera y partidos que siguen utilizando a los cristianos.
Los llenan de elogios, les prometen lugares relevantes en las listas o cargos interesantes y, al final, los dejan afuera de todo.
Seamos mansos, pero no mensos. Humildes, pero no ingenuos. La calidad de nuestro aporte y el valor de nuestro trabajo deben ser reconocidos y respetados.
7. Convertite en alguien que habla con criterio, conocimiento y solidez.
Alejate del fanatismo irracional y de la necesidad de defender lo indefendible. Ya existen miles de loros repitiendo relatos ajenos. No seas uno más.
8. Este mundo complejo necesita expertos y especialistas.
¿Cuál es tu aporte? ¿Sobre qué tema, profesión o área de conocimiento podés agregar valor?
El esfuerzo por alcanzar excelencia en tu campo profesional es una necesidad urgente. Debés salir del promedio, destacarte y desarrollar una voz propia.
9. No te tomes tan en serio las críticas.
Hay de todo en la viña del Señor. Muchos hermanos opinan sobre política sin conocer realmente cómo funciona. La paciencia y la capacidad de perdonar son fundamentales para no enfermarse emocionalmente.
10. No pierdas el sentido del humor.
A nadie le gusta rodearse de personas amargadas, permanentemente críticas o excesivamente serias. Aprender a reírse de uno mismo es una gran virtud, y muchas veces una sonrisa ayuda a descomprimir situaciones complejas.
Argentina necesita cristianos en la política. Los necesita con urgencia. Y ya que algunas puertas se están abriendo, no desperdiciemos la oportunidad de atravesarlas.
Un abrazo para todos.
Dr. Marcelo Diaz