El obispo de Pemba, António Juliasse, advirtió sobre el avance de grupos yihadistas en el norte de Mozambique y aseguró que los insurgentes están manifestando abiertamente su intención de establecer un califato islámico en la provincia de Cabo Delgado.
Las declaraciones fueron transmitidas a Aid to the Church in Need, organización internacional dedicada al apoyo de comunidades cristianas perseguidas o vulnerables.
Según explicó el obispo, los propios combatientes comunican este objetivo a las poblaciones con las que entran en contacto en las zonas afectadas por la violencia. La advertencia se produce en medio de una insurgencia que se extiende desde hace casi una década y que ha provocado miles de muertos y desplazados en el norte del país.

Un movimiento vinculado al extremismo islamista sunita
Los grupos señalados por las autoridades y diversos organismos internacionales están asociados a corrientes yihadistas de inspiración salafista, una interpretación ultraconservadora y extremista del islam sunita.
Entre ellos se encuentra Ahlu Sunnah wa Jama’a (ASWJ), organización que ha sido vinculada a la Provincia de África Central del Estado Islámico (ISCAP), una estructura afiliada al autodenominado Estado Islámico.
Los insurgentes promueven la creación de un califato, es decir, un sistema político-religioso gobernado bajo su interpretación de la ley islámica. Esta visión forma parte de la ideología del yihadismo salafista y no representa las creencias de la mayoría de los musulmanes del mundo.
Tampoco guarda relación con el islam chiita, la otra gran rama del islam. De hecho, organizaciones como el Estado Islámico consideran a los chiitas como adversarios religiosos y han protagonizado numerosos ataques contra comunidades chiitas en distintos países.
Preocupación por la situación en Cabo Delgado
La provincia de Cabo Delgado continúa siendo uno de los principales focos de violencia en África austral. Durante años, comunidades enteras han sido afectadas por ataques armados, desplazamientos forzados y graves crisis humanitarias.
Las declaraciones del obispo Juliasse reflejan la creciente preocupación de líderes religiosos y organizaciones humanitarias por la persistencia del conflicto y por la influencia que grupos extremistas continúan ejerciendo en algunas regiones del norte de Mozambique.
Mientras tanto, miles de familias siguen enfrentando las consecuencias de una crisis que combina violencia armada, pobreza, desplazamiento y radicalización extremista.