Hace muchos años estaba en una iglesia evangélica en la cual servía, en un evento en el que se había convocado a orar por el país. De pronto, llegó una persona que era candidata a un cargo público; llegó a hacer campaña al lugar, se postulaba a una diputación. Había venido al lugar con sus asesores y su equipo. El líder de ese momento le dio unos minutos para hablar, pero, claro, el discurso se había transformado en una arenga político-partidaria.
Creo que los líderes cristianos tienen, o tenemos, la enorme responsabilidad de orar por quienes están en el ejercicio del poder, por quienes también quieren servir en la función pública, y ser también una guía profética para ellos, pero es necesario saber separar las aguas.
El político busca ganar adhesión y está bien que así sea, es parte de la construcción de poder y legitimidad. El problema ocurre cuando esto se quiere hacer en el seno de una congregación y se permite que los políticos usen plataformas religiosas para hacer alocuciones partidarias. Este pequeño ejemplo que comenté se puede extrapolar a muchas otras situaciones, en distintas escalas, y que muestran cómo personas del poder político buscan popularidad entre los cristianos, tanto católicos como evangélicos, y usan la fe solamente como un puente para la construcción de poder.
Pero esta época marca una singularidad, y es que cada vez más ciudadanos que tienen una fuerte identificación con el cristianismo se han involucrado en los asuntos públicos, entre ellos, la política. Tenemos a un creciente número de funcionarios que se identifican como cristianos evangélicos en Perú, Colombia, Argentina y Guatemala, entre tantos otros países.
Desde el análisis político, este fenómeno se ha observado; no ha pasado desapercibido. Es por eso que en Venezuela, por ejemplo, el régimen chavista ha tejido alianzas con pastores para, mediante estos, bajar una línea ideológica a la población evangélica. El mismo Hugo Chávez, en su momento, instruido por el régimen cubano, supo tender puentes, sagazmente, con líderes evangélicos. De esto saben mucho los cristianos venezolanos. Esta práctica, sabemos, no es nueva y sucede también en otros lugares de Latinoamérica, con distintos matices, claro.
Muchos políticos buscan plataformas o “púlpitos” para captar adhesiones y popularidad entre los cristianos. Cuando entramos en épocas de campañas electorales, muchos políticos visitan iglesias o eventos cristianos para tratar de ganar influencia. Ya muchos funcionarios conocen a los líderes y a los sectores religiosos. Lamentablemente, muchos funcionarios saben que pueden “seducir” a placer a algunos líderes religiosos. Esto incluye tanto a sacerdotes como a pastores. Solo basta que les ofrezcan algunos “beneficios” o “dádivas” a la iglesia y tendrán la voluntad de muchos de ellos a merced.
Veamos algunas de las cosas que muchos políticos pueden hacer al usar la fe solo como una forma de ganar poder:
- Usan símbolos y una retórica ligada a la Biblia o a las costumbres “cristianas”: llevar un rosario, colgar una cruz, persignarse o levantar las manos al cielo son ademanes que, en ocasiones, no son espontáneos, sino actuados. Decir un “amén”, un “gloria a Dios” o el famoso “Dios te bendiga”, en ocasiones, no es una muestra sincera de fe, sino que son expresiones que forman parte de una estrategia de seducción.
Con esto no estoy diciendo que no tengamos cristianos políticos sinceros, transparentes, que realmente practican y viven una fe sincera y una vida apegada a los principios de la Palabra de Dios. Pero también hay muchos, cristianos o no, que impostan algo que no son y que solo utilizan algún elemento de la fe para ganar adhesión.
- Pueden usar una retórica mesiánica: cuidado, porque muchos políticos, asesorados por mentes sagaces, saben utilizar un lenguaje cuasirreligioso para darle un manto mesiánico a sus discursos y gestiones. Algunos lemas políticos son pensados y pergeñados en los escritorios de perspicaces asesores. Ciertos discrusos políticos que se instalan son parte de una narrativa orgánica y natural, pero, en otras ocasiones, son producto de un trabajo de análisis de datos y tendencias.
- Impostan una agenda “conservadora”: muchas veces, algunos funcionarios plantean que tienen una agenda provida o que van a pelear por los valores de la familia tradicional en el Congreso, pero, a la hora de las votaciones en distintos proyectos, terminan haciendo todo lo opuesto a lo que le prometieron al electorado cristiano o conservador.
- El político que se “convierte” en plena campaña electoral: muchos políticos hacen oraciones de fe, se dejan orar por el pastor o el líder religioso de turno, pero al día siguiente se dejan tirar las cartas o se asesoran con algún espiritista. Muchos cristianos vemos que un político está orando con pastores y pensamos: “¡Uauuu, Dios lo está tocando!”. Y resulta que al tipo solo le interesa quedar bien con quienes lo están viendo. O el clásico: “Le regalamos una Biblia”. Y al hombre nunca jamás se le ocurrió abrirla y, en su vida, lo último que le importan son los valores “cristianos”. Otra vez, esto no implica que no tengamos políticos que, de forma sincera, tengan un genuino acercamiento a la fe cristiana. Y bienvenido sea cuando eso sucede, pero, en una gran cantidad de casos, se trata solo de una postura impostada y camaleónica.
Lamentablemente, muchos políticos ven a la iglesia solo como los que “hacen ayuda social”. Por eso es que subestiman a los evangélicos y los quieren manipular a placer. Esto, en muchos casos, se da porque hay líderes timoratos, faltos de carácter, que también, en el afán de poder, se corrompen. Van a la política a buscar poder, no a servir. En muchos lugares, los pastores se dejan comprar por dádivas o prebendas; esa es una triste realidad. Y los políticos saben que, en muchos lugares, las iglesias evangélicas tienen personas de clases bajas, con creyentes con poca educación formal, a los cuales les dicen algo simple y las personas asienten fácilmente o dicen “amén”. Consideran que las pueden engañar y seducir fácilmente. Esto, claro está, no sucede con todos los líderes. Hay muchos pastores que hacen un gran trabajo en lo social y en muchas áreas.
El tema es que muchos políticos han aprendido sagazmente el arte de la seducción. Muchos hombres del poder son hábiles encantadores de serpientes. Tienen la gran habilidad discursiva de decir lo que el “pueblo” y los “líderes” quieren escuchar. Muchos políticos saben cuándo conviene ir a un evento cristiano y cuándo no. Sin ir tan lejos, el presidente Milei hizo un acto partidario en su visita a la iglesia del pastor Ledesma. Seguramente el pastor no lo pensó de esa manera; no me cabe duda de que nunca fue su intención, pero pudo más la astucia de la comitiva del presidente. Espero que hayamos aprendido algo de lo sucedido.
Celebro que tengamos cada vez más cristianos queriendo sumar y aportar valor para que un país salga adelante. Pero es necesario conocer las argucias de muchos políticos que son hábiles y actúan como lobos. Llegan a una iglesia y, de pronto, son provida, están en contra de la ideología de género y dicen que rezan u oran y que son “profundamente cristianos”, como en su momento lo dijo el mismo Maduro. Pero, en muchos casos, los actos contradicen todo lo que proclaman con sus palabras.
Los encantadores de serpientes no solo están en los estratos más altos del poder. Por eso es saludable conocer cómo se mueven muchos líderes en el empantanado ámbito de la política. Porque, si no, termina sucediendo que los políticos usan a los líderes evangélicos y estos no se dan cuenta o, en ocasiones, no quieren hacerlo. En el medio, un montón de cristianos incautos que, de buena fe, son utilizados como simples borregos para llenar un lugar o “hacer bulto”.
En Venezuela, por ejemplo, la Marcha para Jesús fue politizada en los últimos años. Permitieron que líderes del chavismo, esos que tanto daño le hicieron al país, difundieran mensajes políticos en medio de la marcha, diluyendo de esa forma el sincero mensaje de Cristo.
Se sabe que el electorado evangélico es deseado por muchos políticos, y muchos ya saben qué tipo de discurso enarbolar para generar “conexión”. Esto incluye a partidos de izquierda y de derecha. No podemos ignorar estas cosas. Hay muchos que lo hacen de forma genuina y sincera; bárbaro cuando eso sucede. Pero también eso puede ser parte de un acting y no algo auténtico. La línea, en ocasiones, es muy delgada. Está claro que, como líderes, tenemos que orar, bendecir y ser una guía profética para los líderes políticos. Pero es necesario saber separar las aguas.
Entender cómo se mueven muchos líderes políticos sagaces nos puede ahorrar dolores de cabeza. Quiera Dios que tengamos la sabiduría para separar dichas aguas. El Reino de Dios está por encima de los gobiernos humanos y quiera Dios que podamos vivir bajo esta verdad.
Tendamos puentes con políticos y organizaciones, defendamos nuestros principios, pero no permitamos que usen la fe como una bandera encubierta para sus propios fines egoístas. Que Dios nos dé la sabiduría necesaria para que el mensaje de Cristo sea proclamado en todos los ámbitos, pero sabiendo bien los roles de cada quien.
Omar Sarmiento
