Entre la memoria de un movimiento de fe y las sombras de la cooptación política
El pasado 2 de agosto se realizó la Marcha para Jesús en Venezuela. Sin embargo anunciaron, otros líderes evangélicos, la realización de otra Marcha independiente de esta última, para este próxmo 12 de octubre, fecha en la que tradicionalmente se realizaba dicho evento. ¿Hay dos marchas para Jesús en Venezuela? Aclaremos algunos puntos importantes.
En el vasto catálogo de manifestaciones públicas y movilizaciones de calle en Venezuela, pocas convocatorias logran alcanzar la escala, el colorido y la densidad humana que históricamente ha movilizado la Marcha para Jesús. Durante décadas, cada 12 de octubre, avenidas enteras de las principales ciudades del país se transformaban en ríos de camisetas blancas, pancartas con mensajes de esperanza, cánticos de adoración y oraciones intercesoras por la nación. Lo que en la superficie se presenta como una expresión unánime de unidad, júbilo y fe, encierra hoy en sus entrañas una profunda fractura y un debate de altísima sensibilidad entre pastores, líderes comunitarios y creyentes de base: la disputa entre la preservación de un altar enfocado en Cristo y, por otro lado, la progresiva cooptación, coacción e intromisión del poder político.
Para comprender el malestar que hoy atraviesa a gran parte de la comunidad evangélica venezolana, es indispensable desglosar la metamorfosis histórica de este evento, la transición de sus modelos de liderazgo, la alteración de su naturaleza logística y la incómoda presencia de figuras políticas de extrema controversia sobre sus plataformas.
Los orígenes: Un movimiento orgánico, espontáneo y sin dueños
La Marcha para Jesús llegó a Venezuela entre finales de la década de 1980 y principios de los años 90, adaptando la iniciativa internacional que había iniciado años atrás en el Reino Unido. En sus albores, la marcha en suelo venezolano carecía de pretensiones corporativas, marcas registradas o estructuras jerárquicas rígidas. No pertenecía a ninguna cúpula ni a una denominación en particular; era la cristalización pública del esfuerzo conjunto de congregaciones locales, fraternidades de pastores, ministerios musicales y movimientos juveniles que unían recursos de manera espontánea.

Marcha para Jesús en Caracas en los inicios del 2000
El espíritu primigenio radicaba en la sencillez del testimonio público: salir de las cuatro paredes del templo para proclamar principios cristianos y bendecir a la ciudadanía. No había ambición de figuración personal ni interés en negociar cuotas de influencia con los gobiernos de turno. La masa que marchaba lo hacía movida por una convicción interna y un deseo genuino de interceder por la paz y la proclamación del evangelio.
La era de la estructuración: La gestión institucional de Aristóteles López
A medida que la asistencia crecía a pasos agigantados, la logística informal resultó insuficiente. Es en esta fase de expansión donde la figura del pastor Aristóteles López asume un rol protagónico y transformador. Bajo su liderazgo y dirección organizativa, la Marcha para Jesús en Venezuela se constituyó formalmente como una estructura coordinada de alcance nacional, dotada de visión estratégica y capacidad de interlocución institucional. Sin embargo, la gestión del pastor López se caracterizó por dos pilares fundamentales que hoy son recordados con nostalgia por el liderazgo pastoral tradicional:
1. Descentralización, municipalización y autogestión
En lugar de imponer un modelo piramidal, la directiva impulsó la descentralización. La fuerza real de la marcha no residía únicamente en la gran toma de la capital, sino en los ministerios y consejos de pastores de cada región. Cada estado e incluso cada municipio organizaba su propia movilización utilizando sus propios recursos, sus formas de autogestión y el respaldo financiero que surgía del aporte voluntario de las congregaciones locales.
Era habitual observar hasta cinco o seis marchas simultáneas en diferentes municipios de un mismo estado. Este esquema municipalizado le otorgaba un dinamismo expansivo al movimiento: multiplicaba el impacto comunicacional, democratizaba el protagonismo y permitía que los creyentes de comunidades alejadas participaran activamente en su propio entorno sin verse obligados a realizar traslados costosos.
2. Autonomía pastoral y la inviolabilidad de la tarima
El estilo de convocatoria era respetuoso y voluntario. La directiva nacional enviaba cartas de invitación a las oficinas pastorales y las iglesias que deseaban sumarse lo hacían libremente. Jamás existieron mecanismos de presión, hostigamiento, llamadas insistentes ni exigencias punitivas para forzar la asistencia de ninguna congregación.
En el ámbito institucional, si bien la directiva gestionaba los permisos correspondientes ante las autoridades civiles, policiales o de tránsito para garantizar la seguridad vial —interactuando con funcionarios a quienes a menudo los equipos de trabajo buscaban evangelizar—, existía una regla de oro infranqueable: jamás se permitió que un dirigente o candidato político subiera a la tarima principal.
Los políticos, gobernadores o alcaldes podían asistir a la marcha, caminar entre la multitud como cualquier ciudadano o presenciar el evento; pero el micrófono, la tarima y la proclamación estaban reservados exclusivamente de manera limpia e indiscutible para la ministración pastoral y la adoración a Dios.
El exilio del pastor
El líder evangélico Aristóteles López, quien estuvo al frente de la Marcha para Jesús en Venezuela, se vio forzado a abandonar el país al negarse a ceder el control y la autonomía de la Marcha para Jesús a los intereses políticos del chavismo. Según el mismo denunció desde el exilio, el régimen buscaba cooptar y apropiarse de la imagen de este movimiento espiritual para utilizarlo con fines políticos y de propaganda.
La era de Hugo Díaz: Centralización, coacción y el escandaloso gasto estatal
La transición de la directiva hacia la presidencia actual de Hugo Díaz marcó un quiebre dramático en la filosofía, la logística y los valores de la organización. La estructura orgánica y municipal fue desmantelada progresivamente para imponer un modelo regionalista y centralizado, donde se comenzó a presionar a los municipios para suspender sus actividades locales y converger de forma obligatoria en una sola marcha por estado.
Junto a esta centralización, se intensificó un clima de coacción y seguimiento abrumador hacia los ministros de culto. Pastores de la ciudad de Caracas y de diversas regiones han denunciado cómo las dinámicas respetuosas del pasado fueron sustituidas por solicitudes desmedidas de citas, llamadas insistentes a las sedes eclesiales y exigencias de los coordinadores regionales para obligar a las iglesias a movilizar a sus membresías. La participación dejó de ser una invitación fraterna para convertirse en una meta cuantitativa impuesta.
Sin embargo, la alteración más severa ocurrió en el ámbito de la integridad del altar y el uso de recursos. Bajo la actual dirección, la frontera entre el evento de fe y el aparato político del gobierno se difuminó, permitiendo la participación e intromisión directa de figuras políticas de altísima controversia sobre la plataforma principal.
Rostros polémicos sobre el altar
Para la feligresía de base y gran parte del cuerpo eclesial, resulta un choque ético y espiritual sumamente grave presenciar cómo figuras vinculadas al poder político no solo hacen presencia en los eventos de cierre, sino que ocupan un lugar de centralidad sobre la tarima de predicación:
Nahum Fernández: Dirigente político y jefe de gobierno de Caracas, identificado públicamente como una figura clave en las dinámicas de movilización del partido de gobierno y vinculado por diversos sectores de la sociedad civil con grupos de choque y colectivos organizados que ejercen el asedio, la intimidación y la persecución urbana a voces disidentes. Para la comunidad evangélica resulta una paradoja alarmante ver a un líder político asociado a las estructuras de represión del régimen subir al escenario para mostrarse como un referente de adoración pública.
Nicolás Maduro Guerra (“Nicolasito”): Diputado nacional e hijo del exdictador Nicolás, figura rodeada de profundas controversias, sanciones internacionales e investigaciones por señalamientos que van desde la corrupción en la administración de recursos públicos hasta señalamientos de vínculos con redes opacas y de narcotráfico a escala continental. Su constante presencia en los altares de la marcha es percibida como una instrumentalización abierta de la plataforma eclesial para el lavado de imagen política y la propaganda del Estado.

La indignación presupuestaria: Despilfarro en medio de la crisis
El contraste no es solo espiritual, sino presupuestario y ético. Las marchas de la etapa histórica eran eventos austeros, levantados con las ofrendas sencillas de la gente de iglesia. En contraste, las convocatorias recientes bajo la directiva de Hugo Díaz exhiben despliegues técnicos millonarios que superan con creces las posibilidades de las congregaciones. Se estima que los montajes técnicos, las tarimas gigantescas, las pantallas LED, los sistemas de iluminación robótica, el sonido de nivel de concierto internacional y la logística de traslado superan cifras que van desde los $15,000 hasta los $50,000 (ddolares) por evento.
Esta inversión desmesurada despierta una profunda indignación moral en el ciudadano de a pie y en los líderes eclesiales con sensibilidad ante la grave crisis que azota al país desde hace años. En un país sumido en una crisis sistémica —donde los hospitales públicos carecen de insumos básicos, las escuelas se caen a pedazos, las calles permanecen a oscuras por la falta de alumbrado público y el asfaltado es inexistente—, resulta un insulto que el Estado destine recursos de esa magnitud a tarimas de espectáculo. Esos miles de dólares deberían dirigirse prioritariamente a aliviar las carencias de las comunidades golpeadas y no a financiar tarimas políticas disfrazadas de fe.
La insensibilidad de la directiva actual llegó a extremos alarmantes al mantener y forzar marchas en diversas ciudades incluso en medio de severos apagones nacionales y momentos de conmoción social o contingencias naturales, como tras sufrir los conocidos eventos sísmicos en el país. Mientras la población padecía la falta de electricidad y el temor por desastres naturales, la dirigencia de Hugo Díaz, movida por la urgencia de complacer compromisos políticos y un evidente ego de poder, continuó con los espectáculos, haciendo oídos sordos a la realidad crítica que atravesaban las comunidades.
El “boicot silente” pastoral y la pérdida de la fecha histórica
Frente al avance de la politización, el hostigamiento y la presencia de personajes cuestionables sobre el altar, la respuesta de un sector mayoritario del pastorado venezolano no fue el conflicto abierto ni la confrontación mediática, sino una estrategia de resistencia silenciosa.
Decididos a no ceder sus congregaciones para espectáculos con sesgo político ni exponer a sus miembros a convocatorias éticamente comprometidas, cientos de pastores comenzaron a diseñar agendas internas dentro de sus propios templos durante la emblemática fecha del 12 de octubre. Así, de manera coordinada pero descentralizada, las iglesias locales pasaron a programar para ese día:
*Retiros espirituales fuera de las ciudades.
*Vigilias comunitarias de oración y ayuno.
*Servicios especiales y conciertos de adoración en sus sedes.
*Jornadas de atención social y evangelismo directo en sus comunidades.
Al concentrar a sus miembros en actividades internas y abstenerse de promocionar la convocatoria central desde los púlpitos, la masa que nutría la marcha comenzó a reducirse drásticamente. El pueblo evangélico de base empezó a ausentarse de las avenidas, dejando en evidencia un vacío de representatividad real.
Esta baja masiva en la asistencia representó una amenaza directa para la imagen de fuerza y convocatoria que la organización de Hugo Díaz buscaba proyectar ante sus patrocinadores políticos. La respuesta de la directiva actual ante el evidente éxito del “boicot silente” pastoral fue drástica: decidieron cambiar la fecha emblemática del 12 de octubre. Mudar el evento a otro día del calendario obedeció a la necesidad urgente de desactivar la contraprogramación de las iglesias locales, intentando movilizar al pueblo en una jornada donde las congregaciones no tuvieran sus eventos anuales prefijados.
La paradoja de las cifras: El mito de los 7 millones y la realidad de las congregaciones
A todas estas contradicciones se suma un elemento que aviva aún más el escepticismo dentro del propio cuerpo eclesial: la narrativa de las cifras oficiales infladas. En sus intervenciones públicas y declaraciones a medios, la directiva encabezada por el señor Hugo Díaz suele aseverar categóricamente que la marcha representa o moviliza a una masa de 7 millones de evangélicos en todo el territorio nacional.
Para cualquier analista de la demografía eclesial en Venezuela, así como para los propios pastores que conocen la realidad de sus comunidades, esta cifra resulta no solo desproporcionada, sino completamente irreal e insostenible por varias razones fundamentales:
La realidad demográfica de las congregaciones: La gran mayoría de las iglesias cristianas evangélicas en el país no son megaiglesias de miles de miembros; son comunidades locales cuyo promedio de membresía activa oscila entre 50, 100 o 200 personas. Pensar que existe una estructura capaz de concentrar orgánicamente a 7 millones de creyentes bajo el esquema de movilización actual es ignorar la geografía y el tamaño real de la iglesia venezolana.
El fenómeno de la masa no congregada y el acarreo: Testimonios recopilados por creyentes y pastores en diferentes ciudades del país coinciden en un patrón recurrente durante estas convocatorias masivas. Al interactuar con muchos de los asistentes a las marchas recientes y preguntarles a qué congregación o iglesia local pertenecen, la respuesta frecuente es la negativa: no se congregan en ninguna parte, no pertenecen ni asisten con frecuencia a un templo.
Muchos de estos participantes acuden movilizados por dinámicas ajenas a la vida eclesial orgánica: desde la curiosidad o el atractivo del espectáculo técnico, hasta esquemas de transporte y logística facilitados directamente por instituciones o entes del Estado para abultar el “bulto humano” de las calles. Esta realidad desarma la narrativa de que el evento representa la voz unánime de la iglesia evangélica venezolana; por el contrario, evidencia cómo la movilización se nutre cada vez más de un público externo para suplir el vacío dejado por los creyentes genuinos que han decidido retirarse.
La voz de la reserva moral: El pronunciamiento de Aristóteles López y el rescate del 12 de octubre
En medio de esta profunda distorsión conceptual y moral, ha surgido una voz de contrapeso histórico de enorme peso institucional. El pastor Aristóteles López, fundador y referente del movimiento original, ha levantado públicamente la voz a través de la plataforma Marcha para Jesús Internacional, establecida en los Estados Unidos.
Para este año, en un gesto cargado de simbolismo y firmeza ética, el pastor López ha reafirmado la vigencia de la marcha genuina rescatando la fecha histórica del 12 de octubre. Este pronunciamiento no solo busca devolverle el carácter espiritual, libre e independiente a la convocatoria, sino también desligar tajantemente la marca original de las prácticas de cooptación política, despilfarro financiero y coerción pastoral que han manchado la versión corporativa en Venezuela.
La iniciativa del liderazgo histórico internacional representa una llamada de alerta y un refugio de integridad para aquellos pastores y creyentes que se negaban a marchar bajo la sombra del patrocinio estatal. Reivindica que la marcha no le pertenece a ningún gobierno de turno ni a directivas que comercian con la fe, sino a un pueblo que adora en espíritu y en verdad, libre de ataduras presupuestarias e intereses de poder.
Conclusión: La encrucijada del pueblo de fe
El debate sobre la Marcha para Jesús en Venezuela no es una simple disputa de egos, directivas o logística organizativa; es una encrucijada fundamental sobre la identidad, la ética y la independencia del Evangelio frente al poder terrenal.
Al analizar el panorama actual, emergen dos realidades contrapuestas:
La versión corporativa, politizada y de cifras abultadas: Representada por la directiva de Hugo Díaz, caracterizada por la centralización de las convocatorias, la coacción sobre el liderazgo pastoral, la inyección desmedida de fondos estatales para financiar tarimas monumentales en medio de la miseria social, la concesión de plataformas sagradas a figuras cuestionadas por persecución y corrupción, y la proyección de narrativas triunfalistas de millones de asistentes que no se corresponden con la realidad de las iglesias.
Volver a las bases de la Marcha
La marcha histórica, orgánica y libre: Aquella que evoca los años iniciales y que hoy promueve Aristóteles López desde la plataforma internacional, donde la unidad nace espontáneamente en cada municipio, sustentada por la autogestión de la iglesia local, sin presiones institucionales, sin alianzas con el poder político de turno, reuniéndose en la fecha histórica del 12 de octubre y donde el único motivo de marcha es la fe desinteresada de un pueblo, en Cristo y orientada en la evangelización, la oración, la guerra espiritual y la proclamación de un genuino mensaje de esperanza.
Cuando quienes persiguen, intimidan o están inmersos en tramas oscuras terminan tomando el micrófono en el escenario de adoración, cuando se gasta una fortuna en luces mientras los hospitales carecen de insumos y cuando las fechas históricas deben ser rescatadas frente al rechazo de las iglesias de base, la estructura organizativa demuestra haber perdido el norte espiritual.
La “verdadera” Marcha para Jesús no la determina el tamaño de un montaje audiovisual, el abultamiento estadístico ni el respaldo de los reflectores del Estado, sino la verdad, la libertad y la integridad del pueblo que camina con el corazón limpio.
La información planteada en este artículo fue provista por pastores y líderes de Venezuela que, con temor de Dios, anhelan ver a un país rendido a los pies de Jesús y en el que no se permitan la manipulación ni la injerencia partidaria. Sobre todo cuando quienes gobiernan han oprimido al venezolano y son parte de un régimen que ha violado sistemáticamente los derechos humanos.
Redacción CEP

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