Cristianos en Política

Argentina vs Inglaterra: ¿Un partido a muerte? Una perspectiva cristiana

Este miércoles se juega una de las semifinales de la Copa Mundial de fútbol 2026. Se enfrentan nada más y nada menos que Argentina contra Inglaterra, dos potencias futbolísticas.

Para muchos, en Argentina, es un partido especial. Hay una carga simbólica muy fuerte. Nos guste o no, estemos de acuerdo con que eso sea así, es una realidad. Para muchos no es un partido más y no sabemos bien por qué, pero pareciese que hay una especie de “revancha” cuando el que está enfrente es Inglaterra. Pareciese que hay que “ganar como sea”.

El tema Malvinas es inevitable, se evoca en una gran cantidad de cánticos en los estadios. Para muchos argentinos es como una especie de revancha o de una pequeña venganza de lo que ocurrió en esa famosa guerra de 1982. El gol de Maradona a los ingleses viene a la mente rápidamente, con todo lo que ello implica. “El que no salta es un inglés” ha calado fuertemente en nuestra idiosincrasia de país, de manera que pareciese que para todo argentino es un mandato cultural rechazar u odiar todo lo que es “inglés”, al menos en el discurso.

Es inevitable mezclar lo político, lo cultural y lo deportivo. En redes sociales vemos a muchos argentinos despotricando contra los ingleses con toda clase de insultos y muchos de ellos dicen ser cristianos.

El reclamo de Malvinas es legítimo. Hubo una invasión. Sin embargo, esa cuestión se debe resolver en esos niveles, con todas las herramientas diplomáticas y gubernamentales que sean necesarias. Argentina está en todo su derecho de hacerlo.

Sin embargo, vemos otro fenómeno que es el odio visceral hacia los ingleses (sean jugadores o ciudadanos como tales).

“Hay que salir a matar”, he leído por ahí, en referencia al partido. Ese tipo de mensajes se replica rapidamente en redes sociales. Como si fuese que esto va a revertir todo aquello que se vivió en esa fatídica guerra. Y lo puedo entender de quienes no profesan la fe cristiana. Un odio visceral por los ingleses. Puedo comprenderlo. Sobre todo si uno ha tenido familiares o ha estado cerca de los veteranos de Malvinas, hasta cierto punto.

Pero como cristiano no puedo dejar de marcar esto: Hay que competir en lo deportivo, por supuesto, aspirar a ganar siempre e ir por la “gloria” deportiva. Pero esto no implica que tengo que “aniquilar” a mi adversario o “quebrarle una pierna”. Si yo como cristiano empiezo a insultar a un ciudadano solo por el hecho de ser inglés, creo que debería evaluar si realmente he comprendido lo que soy como hijo de Dios.

Es extraño ver a cristianos insultando a otro solo por tener una nacionalidad distinta. Insisto, esto no implica que a nivel gubernamental el gobierno no tenga que reclamar y seguir peleando por lo que es justo: Las Malvinas le pertenecen a Argentina.

Sin embargo, como cristiano, no puedo comprar ese nacionalismo que me indica que yo tengo que odiar a otra persona simplemente porque nació en otra tierra y que nada tuvo que ver con las terribles decisiones que tomaron sus líderes o representantes décadas atrás cuando ellos ni siquiera habían nacido.

A nivel deportivo siempre tiene que estar el espíritu para ganar tal competencia, pero tiene que quedar ahí. Siempre digo que como argentinos tenemos que perdonar a nuestros ofensores. Y esto no es una declaración simplista, de un sumiso por la religión. Al contrario, el perdón nos libera para tener más claridad para bregar por aquello que nos corresponde. Como argentinos tenemos que perdonar. Alguno dirá, no metas el perdón en esto. Eso no se puede perdonar. Y creo que nos debemos esta discusión como argenitnos.

El perdón no implica impunidad ni mucho menos dejar de buscar justicia y reparación. Pero actuar desde el odio y la vengana visceral no nos llevará a ningún lado. Hay ciudadanos argentinos que pidieron que el gobierno habilite un avión para llevar barras bravas al partido, como si se tratase de una guerra a muerte, con armas letales y en campo abierto. Una verdadera locura. Y no digo que las nuevas generaciones no tengan que comprender la historia y tener conciencia de lo que pasó pero cuidado que lo único que les transmitamos sea solo odio y resentimiento.

Respecto del mundial, hay que competir y ganar siempre, pero proyectar todo lo que hacemos desde el odio y la venganza en un partido de fútbol nunca lleva a buen puerto. Si yo veo a mis conciudadanos como enemigos a destruir, entonces el deporte falló como acto cultural constructivo. Adhiero a las palabras del DT Scaloni: “es un partido, nada más”. Y por supuesto queremos ganarlo pero queda en lo estrictamente deportivo. Además pensemos que varios jugadores de la selección juegan en la Premier y son respetados en sus clubes. En todo caso no se los odia por ser argentinos.

El mensaje de Jesús puede ser contracultural y bienvenido sea. Cuando habló del perdón también lo dijo por estas cosas. El perdón no habilita la impunidad pero tal vez sea una discusión que tengamos que tener como país. ¿Podremos perdonar a nuestros ofensores y mostrar un poco más de respeto?

Cuidado, porque hay comunicadores e influencers que están bajando determinado mensaje y agitando fantasmas que pueden provocar caos y violencia. Y ya sabemos, la violencia perpetúa el ciclo del desastre. Como argentino que soy entiendo nuestro amor a la nación y el respeto máximo por los “pibes” que dejaron la vida por la patria. Honor para siempre a ellos, y por supuesto, el gobierno tiene que seguir bregando por recuperar lo que nos corresponde, pero no es contra otros “hermanos” nuestra batalla. La rivalidad del mundial tiene que quedar en lo estrictamente deportivo. Muchos de nosotros tenemos que desaprender muchos de los mensajes que se han perpetuado de que “hay que matar a un pirata” o ideas por el estilo. Por supuesto, cada nación tiene que defender lo suyo, pero hay mensajes que vienen envenenados con la raíz del resentimiento y la venganza. Allí solo perdemos todos y por goleada.

Que los buenos jugadores que tiene la selección puedan jugar un gran partido el día miércoles y ganar. Todo lo demás, lo que viene desde el odio y la venganza, no construye ni edifica en nada.

Omar Sarmiento