El gobierno de Lula enfrenta una nueva crisis con evangélicos y católicos tras un desfile polémico en el Carnaval.
La repercusión del desfile de la escuela de samba Acadêmicos de Niterói, realizado el domingo 15/2, llegó al centro del debate político y religioso en Brasilia al confrontar libertad artística, fe cristiana y uso de recursos públicos.
La principal crítica por parte de los frentes parlamentarios recae en la forma en que los valores cristianos y los sectores conservadores fueron representados en el desfile de Acadêmicos de Niterói.
Uno de los hechos más comentados mostró la imagen de familias conservadoras dentro de una lata de conserva, metáfora interpretada como una burla hacia los grupos religiosos y sus costumbres.
Este punto se convirtió en el foco de la acusación de “escarnio” y “falta de respeto” hacia la fe cristiana, reavivando discusiones sobre los límites de la sátira dentro del espacio carnavalesco.
Para los diputados de estos frentes, la combinación entre crítica política a Lula e ironía dirigida a valores morales aumenta el potencial de conflicto con la fe de la mayoría de la población.
En una nota publicada el día miércoles 18/2, la Frente Parlamentaria Católica afirmó haber recibido el desfile con “indignación” y destacó que tanto la libertad religiosa como la libertad artística deben ser preservadas.
El texto, firmado por el diputado Luiz Gastão (PSD-CE), subraya que los eventos de gran repercusión pública y con posible financiamiento estatal requieren mayor responsabilidad en la manera de retratar creencias y símbolos de fe.
Para la bancada católica, existen indicios de que el desfile pudo haber sobrepasado límites previstos en la legislación al abordar convicciones religiosas.
La Frente Parlamentaria Evangélica adoptó un tono similar, calificando el desfile como una “conducta irrespetuosa y ofensiva” y defendiendo que el Carnaval no debe usarse como un “palanque político” para atacar valores cristianos y conservadores.
Las frentes católica y evangélica anunciaron que recurrirán a la Procuraduría General de la República y al Poder Judicial para cuestionar jurídicamente el desfile de Acadêmicos de Niterói.
La estrategia es analizar si hubo violación de normas de protección de la fe, de combate a la discriminación religiosa y de control sobre el uso de recursos públicos en proyectos culturales. Entre los caminos judiciales mencionados públicamente están:
•Presentar representaciones formales ante la Procuraduría General de la República solicitando una investigación sobre un posible delito de intolerancia o falta de respeto religioso.
•Iniciar acciones judiciales cuestionando la legalidad de convenios, subsidios o patrocinios públicos al desfile, en caso de que estos se confirmen.

•Solicitar la responsabilización de dirigentes de la escuela de samba y de funcionarios públicos involucrados en el apoyo al evento, si se comprueban irregularidades.
•Enviar representaciones a tribunales de cuentas para analizar posibles fallas en la asignación de fondos culturales.
Para amplios sectores cristianos, el desfile no solo representó una sátira polémica, sino una señal de alarma sobre cómo la fe viene siendo tratada en espacios culturales financiados, directa o indirectamente, por el Estado. Tanto católicos como evangélicos sostienen que la burla hacia símbolos y modos de vida religiosos se normalizó, y que episodios como este profundizan la sensación de que sus creencias están siendo ridiculizadas en nombre de la libertad artística.
El caso de la Acadêmicos de Niterói vuelve a abrir un debate más profundo: dónde termina la crítica social y dónde empieza el desprecio hacia la fe de millones. Para muchos cristianos, el Carnaval se transformó, esta vez, en un escenario de hostilidad simbólica más que en una fiesta popular.
Mientras la Procuradoria-Geral da República analiza los pasos legales y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva enfrenta las repercusiones políticas, queda claro que el conflicto no es solo institucional. Es emocional, espiritual y cultural. Y expone una herida abierta: la percepción de que la fe, para muchos brasileños, ya no está siendo tratada con el respeto que merece.
Más allá de la polémica, este episodio también puede ser un llamado a la Iglesia: a mantenerse atenta, a discernir los tiempos y a clamar en oración por la nación. Porque, al final, para los cristianos, la transformación real comienza no en los escenarios del poder, sino en la fe puesta en Aquel que gobierna por encima de todos.
Por Ivana Pereyra
