Cristianos en Política

Desafíos políticos de los evangélicos argentinos

2027, año de elecciones

Me encanta decir que hemos crecido en nuestra participación. Creo que nadie, a esta altura, niega la necesidad de que aparezcamos en la arena de la política argentina. Con derrotas importantes, pero también con destacadas victorias, los evangélicos argentinos ya somos parte del espectro político nacional.

Obviamente, nuestra primera bandera fue toda la cuestión provida y familia. Y aunque perdimos en el Congreso, tanto nuestros representantes como el pueblo en general, a través de las multitudinarias marchas, dejamos bien en claro nuestra posición.

Los que me han leído saben que hay un principio que me tomo muy en serio: que mi hermano puede ser mi adversario político, pero nunca mi enemigo. Esto es algo crucial para mis acciones. También han leído mis opiniones, bien claras y contundentes, respecto de lo que, desde mi perspectiva ideológica y cosmovisión cristiana, hace el actual Gobierno. Es claro que no estoy de acuerdo en casi nada, pero, reglas de la democracia, uso mi voz y mis plataformas para hacer conocer mi pensamiento.

Detalle: en mi Facebook, solo he eliminado a las personas que me insultan. Las que opinan distinto, pero lo expresan con respeto, no problem, amigo. Todos tenemos el derecho de decir lo que pensamos.

Hoy quiero compartirles un breve análisis político de lo que considero los desafíos más relevantes que tenemos como cristianos evangélicos en Argentina, sobre todo teniendo en cuenta que se acerca 2027, año electoral. Las elecciones presidenciales van a poner a la política en el centro de nuestras conversaciones y… discusiones

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1. Asumir la derrota de los partidos confesionales

Esto es dato, no relato. La historia política electoral demuestra con toda claridad que los partidos políticos fundados sobre bases confesionales no funcionan. Descarto las buenas intenciones de los participantes, pero las declaraciones de fe son para la Iglesia, no para la política.

La ciudadanía ya sabe que somos provida, celestes, buena gente, etc. Pero, además, necesita saber nuestra opinión sobre la economía, la educación, los derechos humanos, la integración con el mundo, etc. El voto provida jamás pondrá a un cristiano en un lugar relevante del poder político nacional; no es suficiente. Y si no me creen, vean los votos obtenidos en las dos últimas elecciones por las alianzas electorales celestes.

Habiendo expresado esto con claridad, pienso que debemos integrarnos en los espacios de partidos ya estructurados y que cuentan con recursos tanto humanos como económicos que podemos utilizar para construir una acción política relevante.

Y antes de que alguien me escriba diciendo cómo vamos a participar en partidos con no cristianos, me permito reforzar la idea de que, hasta donde yo sé, la luz brilla en la oscuridad. Partidos perfectos no hay, no existen. Y hay espacios más neutros donde podemos trabajar, gestionar y hacer la diferencia. El resto de la batalla se la dejamos a Dios, que pelea por nosotros y nos defiende.

2. Posicionamiento de nuevos referentes

Gran desafío. Hay mucho más que dos o tres nombres para la política que el pueblo evangélico debe reconocer.

Mi tarea partidaria y académica me llevó por todo el país. Y conocí hermanos extraordinarios, capaces y con vocación de servicio que también deben ser apoyados para que sean posicionados como referentes.

Soy de los que piensan que es obligatoria la renovación en el liderazgo: nuevas caras y nuevas estrategias. Refrescar la acción política con nuevos nombres trae un aire diferente, con novedosas ideas y estrategias. Con el apoyo de los más experimentados y también con la energía de los que comienzan.

¿O acaso no creemos en el poder del discipulado y de la mentoría?

3. Definir nuestra posición frente a la corrupción

Aquí es donde he recibido la mayor cantidad de insultos en las redes, varios de ellos en el nombre del Señor…

No hay forma de que, desde nuestra ética bíblica, no admitamos la corrupción generalizada de la clase política y de la mayoría de sus dirigentes. Robar es robar, sea quien sea quien lo haga.

A la corrupción en los actos de gobierno hay que llamarla por su nombre. El patoterismo generalizado de los líderes gremiales, ¿tiene otro nombre? El control, casi en forma de esclavismo, que tienen varios gobernadores, que durante años han demolido la voluntad y la independencia económica de sus ciudadanos, ¿no es abuso de poder? Y, claro, la lista sigue.

Pienso que la ciudadanía, al menos gran parte de ella, no busca dirigentes mesiánicos que prometan lo que no se puede cumplir. Busca honestidad y palabras que digan la verdad.

La verdad desde el liderazgo libera al pueblo, lo hace más digno y le trae esperanza.

4. Construir un Marco General de Participación Política que tenga consenso nacional

En este sentido, creo que organizaciones como ACIERA tienen una responsabilidad superior. Entiendo perfectamente que la entidad representa a toda la Iglesia evangélica. Yo mismo fui miembro de la Mesa Directiva hace algunos años y sé muy bien lo delicado que es eso.

Sin embargo, los tiempos exigen que se asuman algunos riesgos. Pero con honestidad, humildad y amor, todo se puede hacer en el nombre del Señor.

Mi propuesta concreta es crear un Marco General, no ideológico, en el cual, con reconocimiento y consenso nacional, los actores políticos evangélicos puedan moverse tanto con libertad como con responsabilidad.

Creo que ACIERA puede hacer lo que nadie puede hacer solo: convencer a la pastoral argentina de que llame e impulse a los hermanos que sienten este llamado. Alentarlos a que se capaciten de la mejor manera y que se involucren en distintos espacios para ir ganando experiencia y… poder político.

Hacer política es construir poder. Para cambiar el país se necesita poder político. Gente que te escuche, te siga y te vote. Simple.

Es sabido por todos, o, en el peor de los casos, disimulado por varios, los tristes casos en que algunos, hambrientos de poder y dinero, han usado su plataforma evangélica para denigrar a la Iglesia y, peor aún, ensuciar el nombre del Señor.

De paso digo: nadie que no pueda controlar la ambición de poder y de dinero está capacitado para hacer política. Nadie. Sea famoso o no. (El que tenga oídos para oír, que oiga).

Bien.

Son ideas. Es mi opinión, por supuesto. Mi vocación es servir en la política y colaborar para que crezca nuestra influencia cristiana en este ámbito de misión tan complicado.

Creo que es posible.

Abrazo a todos.