Cristianos en Política

Nueva Masacre contra cristianos en Nigeria reaviva el llamado a la oración y a la defensa de la libertad religiosa

En la noche del domingo 26 de julio y la madrugada del lunes 27 de julio de 2026, hombres armados atacaron la aldea de Naridon, ubicada en el área de gobierno local de Kauru, en el estado de Kaduna, Nigeria. El asalto, dirigido contra una comunidad mayoritariamente cristiana, dejó al menos 30 personas muertas —entre ellas mujeres, niños y ancianos—, además de varios heridos y numerosas viviendas incendiadas. El hecho constituye uno de los ataques más sangrientos registrados en las últimas semanas y vuelve a poner de manifiesto la difícil realidad que enfrentan miles de creyentes en ese país.

Según los primeros informes, los atacantes irrumpieron en la comunidad mientras sus habitantes dormían, disparando indiscriminadamente y prendiendo fuego a las viviendas antes de huir. Las autoridades locales continúan investigando el ataque y el número de víctimas podría aumentar a medida que avanzan las tareas de búsqueda y asistencia.

De acuerdo con Daily Caller, líderes cristianos locales atribuyen la masacre a terroristas islamistas fulani armados, un grupo al que diversas organizaciones han señalado en reiteradas ocasiones por ataques contra comunidades cristianas del centro y norte de Nigeria. El pastor Judd Saul, fundador de una organización humanitaria que trabaja en la región, afirmó que estos hechos forman parte de una campaña sistemática de violencia contra los cristianos y cuestionó la falta de una respuesta efectiva por parte de las autoridades.

El reverendo Masara Kim, quien ha denunciado repetidamente la persecución que sufren los creyentes en la región, expresó que las familias viven bajo una amenaza constante y que muchas comunidades han quedado prácticamente deshabitadas debido al miedo y al desplazamiento forzado. Según sus declaraciones, iglesias, viviendas y medios de subsistencia han sido destruidos en ataques sucesivos que afectan profundamente la vida de los cristianos en Kaduna.

Nigeria continúa siendo uno de los países donde más cristianos pierden la vida en hechos de violencia relacionados con su fe. Aunque expertos señalan que en algunas zonas confluyen factores étnicos, territoriales y económicos, organizaciones dedicadas al monitoreo de la libertad religiosa advierten que muchas comunidades cristianas son atacadas de manera reiterada y viven bajo una amenaza permanente.

Ante esta nueva tragedia, iglesias y ministerios de distintas partes del mundo han renovado el llamado a orar por Nigeria, acompañar a las familias que han perdido a sus seres queridos y levantar la voz en favor de la libertad religiosa. La Iglesia global está llamada no solo a recordar a quienes sufren persecución, sino también a interceder para que Dios fortalezca a los creyentes, consuele a los que lloran y haga posible que la justicia y la paz prevalezcan en una nación profundamente golpeada por la violencia.

Por Noelía Farías