Cristianos en Política

Fake news y la ética en la comunicación

Ayer comenzó a circular un rumor sobre el fallecimiento del padre de Lionel Messi; una noticia falsa que surgió en un programa de streaming del canal Luzu TV. La desinformación cobró rápida notoriedad entre los argentinos luego de que una famosa actriz y conductora anunciara este supuesto deceso.

Quienes trabajamos en medios digitales tenemos una gran responsabilidad. Hoy en día, los rumores y las fake news (noticias falsas) circulan a una velocidad vertiginosa. Un breve video en TikTok, un reel de Instagram o un enlace reenviado por WhatsApp bastan para que cualquier contenido se viralice en cuestión de minutos. Por lo general, este tipo de falsedades buscan generar un fuerte impacto emocional, lo que acelera su difusión. Sin embargo, no podemos acostumbrarnos a que todo tenga el mismo valor.

Más allá de las especulaciones sobre si existen o no intenciones políticas de perjudicar a la Selección o a la figura de Messi por no estar alineados con un sector en particular, creo que el problema de fondo es mucho más grave: estamos perdiendo el norte ético en la comunicación.

Bajo ningún punto de vista se puede difundir cualquier información con el único afán de generar reacciones o interacciones, independientemente de la tendencia política de quien la emite. Y esto no lo digo solo por tratarse de Messi, sino porque detrás de estas mentiras hay seres humanos y familias que están sufriendo. Los periodistas y todos los que trabajamos en el ámbito de la comunicación debemos detenernos a pensar si, al publicar una noticia, estamos considerando el impacto emocional y humano de nuestras palabras.

No escribo esta nota con la intención de atacar a Florencia Peña, sino porque considero oportuno recordar la inmensa responsabilidad que recae sobre nosotros como comunicadores. Nunca debemos olvidar que, al tratar este tipo de temas, la empatía y el respeto por el sufrimiento ajeno deben ser innegociables.

Desde este medio intentamos, en la medida de nuestras posibilidades, verificar rigurosamente los datos y no publicar información sin chequear. Este es nuestro deber periodístico, pero, por sobre todo, es nuestro deber como cristianos: difundir una noticia falsa es mentir, y mentir es inaceptable bajo cualquier punto de vista.

En quienes somos creyentes y tenemos el privilegio de trabajar en los medios de comunicación, deben primar siempre el sentido común y la ética cristiana. Definitivamente, no todo vale a cambio de conseguir un par de visualizaciones o puntos de rating.

Omar