Cristianos en Política

Dolor en Ucrania: atacan una iglesia durante una reunión de oración y muere un pastor

Hay noticias que no solo se leen: se sienten.

Lo ocurrido en Ucrania en las últimas horas vuelve a conmover al mundo y, especialmente, a la comunidad cristiana. En la ciudad de Zaporiyia, al sureste del país, una iglesia bautista fue atacada mientras sus miembros se encontraban reunidos en oración, en un encuentro que debía ser de paz, fe y esperanza.

El ataque, atribuido a fuerzas rusas, impactó sobre la Iglesia Casa del Evangelio en pleno culto. El saldo fue devastador: murió el pastor y ministro Ruslan Utyuzh, mientras que al menos otras ocho personas resultaron heridas, varias de ellas de gravedad.

La Embajada de Ucrania en Estados Unidos expresó que tropas rusas atacaron una iglesia bautista en Zaporiyia, “una casa de oración construida por su comunidad durante muchos años”, y remarcó que para más de 300 personas ese lugar representaba un verdadero hogar espiritual, un espacio de fe, comunión y apoyo. Además, señaló que se trató de “un ataque deliberado contra personas de fe, reunidas pacíficamente para orar”.

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La noticia golpea fuerte no solo por la violencia del hecho, sino por el contexto en el que ocurrió. Dentro del templo había creyentes y líderes de la iglesia reunidos para celebrar la Pascua y elevar una oración en medio de la guerra. Un espacio que por años fue refugio espiritual para cientos de familias terminó convertido en escenario del dolor.

Ruslan Utyuzh, recordado por su servicio pastoral y su compromiso con la comunidad, deja a su esposa y a sus dos hijos. Más de 300 personas consideraban esa iglesia su hogar espiritual, un lugar donde no solo se predicaba la Palabra, sino donde también se brindaba ayuda, contención y acompañamiento a quienes atraviesan la crisis humanitaria.

Distintas organizaciones cristianas internacionales denunciaron que este no sería un hecho aislado. Desde el inicio de la guerra, más de 700 iglesias habrían sido dañadas o destruidas en Ucrania, mientras decenas de pastores y sacerdotes perdieron la vida en medio del conflicto.

Lo que más interpela de esta historia es que la violencia no solo alcanzó un edificio, sino a personas que se habían reunido en paz para buscar consuelo en Dios.

En tiempos donde el ruido de las armas intenta imponerse sobre la voz de la oración, la fe sigue siendo resistencia.

La guerra puede derribar paredes, pero no puede apagar una fe que se niega a rendirse.

Por: Maby Pastrana